Luis Matías
El Pregonero, Santo Domingo.-La República Dominicana ha mantenido un desempeño crematístico sólido durante las últimas décadas, destacando la recuperación a posteriori de la crisis provocada por la pandemia, en 2024 con un crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) del 5.0 %, número que supera ampliamente el promedio regional. Este dinamismo fue impulsado por sectores esencia como el turismo que alcanzó un récord de 11.2 millones de visitantes no residentes, remesas históricas por US$10,756 millones y una inversión extranjera directa (IED) de US$4,512 millones, concentrada principalmente en fondos raíces, energía y transporte.
Pese a las revisiones a la desaparecido en las proyecciones de crecimiento, el Entorno Macroeconómico Plurianual (MMP) estima una expansión verdadero del PIB de 3.0 % para 2025, con una recuperación continuo en torno a el 4.5 % en 2026. Este entorno macroeconómico relativamente oportuno brinda espacio para moderar las preocupaciones de corto plazo y abastecer expectativas positivas de cara al mediano plazo.
Sin confiscación, este desempeño se da en un contexto internacional desafiante, impresionado por tensiones geopolíticas, presiones inflacionarias persistentes y condiciones financieras globales más restrictivas.
Estas variables externas plantean importantes retos internos, especialmente en lo relativo a la condición de una política fiscal prudente, en un contexto de crecimiento sostenido del servicio de la deuda pública. Este marco exige una compañía efectivo de los posibles del Estado para preservar la estabilidad macroeconómica alcanzada.
De acuerdo con datos de la Dirección Caudillo de Impuestos Internos (DGII), hasta julio de 2025 las recaudaciones tributarias crecieron un 11 % interanual, superando las metas presupuestarias. Este resultado refleja mejoras en la eficiencia de la compañía tributaria y en el cumplimiento por parte de los contribuyentes, factores esencia para la sostenibilidad fiscal a mediano plazo.
No obstante, persisten retos estructurales importantes. Para 2026 se proyecta un pasivo fiscal de RD$254,916 millones (equivalente al 2.9 % del PIB), evidenciando una brecha constante entre ingresos y gastos. A esto se suma un elevado costo del servicio de la deuda, que alcanzará RD$322,560.9 millones. Encima, sectores como el eléctrico continúan ejerciendo una presión significativa sobre las finanzas públicas, con transferencias anuales superiores a los US$1,600 millones.
Durante la nuevo turista del Fondo Monetario Internacional (FMI), realizada en septiembre de 2025 en el entorno de la revisión del Artículo IV, se reiteraron preocupaciones sobre estos desequilibrios fiscales. La representación del FMI advirtió que, de no adoptarse medidas correctivas, la estructura fiscal podría confinar la capacidad del Estado para impulsar el crecimiento. En particular, se destacó la condición de crear espacio fiscal para mejorar la calidad del desembolso y permitir una decano focalización en inversión pública.
En ese sentido, la esencia para sostener la estabilidad y el crecimiento en los próximos primaveras radica en avanzar en torno a una consolidación fiscal continuo, acompañada de reformas estructurales orientadas a elevar la productividad, mejorar la eficiencia del desembolso manifiesto y proteger los ingresos. Esto implica intervenir en sectores estratégicos como el eléctrico, al tiempo que se impulsa la calidad del desembolso en áreas sociales como sanidad y educación, así como la promoción de la inversión privada y la seducción de caudal extranjero.
A pesar de los desafíos, el FMI igualmente destacó logros importantes: una inflación controlada en torno al 3.4 %, un pasivo de cuenta corriente moderado (3.3 % del PIB), financiado principalmente con inversión extranjera directa, y la fortaleza del sistema financiero, con adecuados niveles de capitalización.
El panorama presente exige decisiones estratégicas, nuestra crematística ha demostrado capacidad de ajuste a través del tiempo, pero para consolidar estos logros y retomar una senda de crecimiento sostenido, será fundamental avanzar en reformas que fortalezcan el entorno fiscal, impulsen la productividad y garanticen una asignación efectivo de los posibles públicos. Solo así podrá despejarse el camino en torno a un crecimiento crematístico más sostenible e inclusivo.






