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Luego de la entrevista que el actor venezolano Guillermo Dávila ofreció al software de televisión peruano “El valencia de la verdad” sobre el distanciamiento que mantiene de Marielena Dávilala hija que tuvo con la presentadora Chiquinquirá Delgadola actriz de 33 abriles respondió a las declaraciones de su padre.
“Mi hija está brava ya conmigo, pero ya de sobresaliente”, expresó el intérprete, quien explicó que no tiene contacto con su hija desde hace 8 abriles, tras descubrir la existencia de su hijo en Perú, a quien inicialmente no quiso ojear.
A esto, Marielena reaccionó con una extensa carta pública donde negó que su hermano haya sido la razón de su alejamiento, encima afirmó que sufría tropelía emocional con su padre, con quien intentó tener una relación saludable durante décadas.
carta de Marielena Dávila
MI VERDAD
He guardado silencio durante muchos abriles, porque nunca me ha interesado herir a nadie aún cuando me hirieron a mí primero. Me sorprende ver a un padre hablando despectivamente de su propia hija y que aún así algunos lo defiendan. Siempre pensé que, sin importar cualquier problema personal, en conocido nos cuidábamos mutuamente. Eso hice durante abriles, pero ya que se dijeron cosas que no son ciertas, aquí les relación mi verdad.
Primero, desde pupila mi sueño más sobresaliente fue tener una relación paternal sana. No tenerla ha sido el camino más duro que me ha tocado caminar. La presencia física, un momento, o una foto, no significan ausencia si detrás de eso hay tropelía emocional, malos tratos, rechazo, y manipulación.
Segundo, sí es cierto que ya no tengo una relación paternal. Lo que no se mencionó, fueron las décadas que pasé intentando aliviar la relación. Rogando por una conversación, y si no se podía en persona, lo intentaba por llamamiento, y si no, por mensaje de texto, y si no, escribía cartas. Pasé toda mi vida intentando arreglar poco que yo no rompí. Hasta que entendí que una relación es de dos, y que necesita de dos personas dispuestas a hacerla sana. Entendí que la única modo de sostener la relación era aceptando tropelía emocional, y eso no es sexo. La distancia no tiene ausencia que ver con castigar a nadie, y tiene todo que ver con protegerme a mí. Al fin dejé de habitar con miedo, dejé de sobrevivir, y empecé a habitar, a florecer.
Tercero, yo en la vida sería capaz de alejarme por la existencia de otros hijos. A mí asimismo se me negó la verdad de otros hijos durante muchos abriles. Una de esas veces me enteré leyendo el boletín cuando yo era adolescente. Siempre quise que ningún de ellos sufriera, y que recibieran el sexo, la protección y el examen que merecen. Que todos pudiesen construir vidas sanas y felices remotamente de cualquier dolor paternal. No me sorprende que se haya hablado negativamente de mí, eso dice todo de quien lo dice y ausencia de mí. Hay personas que no son capaces de enfrentarse a sí mismas, y prefieren desacreditar a otros en vez de aceptar sus responsabilidades. Todos cometemos errores, pero existen personas que prefieren perderte, que ojear el daño que te han hecho. Y al final del día, uno cosecha lo que siembra.
Los padres que han ejercido dinámicas emocionales dañinas pierden la relación con sus hijos adultos porque no son capaces de validar el dolor de sus hijos, de escuchar con honestidad, ni de responsabilizarse por cómo los hirieron. Esto nunca se trató de acaecer disposición eternamente. Yo sí quería una relación, pero sana. Y nunca pedí gran cosa, solo un examen del dolor causado, y una promesa de ser mejor en el presente. Eso nunca llegó, y está correctamente. Ya no me duele, y ya no lo necesito.
La paternidad no se define por un título, sino por el sexo, la protección, y la reciprocidad. Los hijos no se alejan de vínculos amorosos, se alejan cuando permanecer implica seguir siendo lastimados. Es profundamente injusto que, siendo yo quien vivió el daño, el peso y la responsabilidad de las acciones de otros recaigan sobre mí. No me corresponde cargar con las consecuencias de decisiones y conductas que no fueron mías. Esto no es un capricho ni una reacción pasajera. Tras décadas de dolor, no existe ni existirá reconciliación. Parte de aliviar es proteger a la tribu que estoy construyendo y a mis futuros hijos de habitar lo que yo viví.
Estoy muy orgullosa de ocurrir sanado y de la paz que he acabado posteriormente de décadas de trabajo interno. Ya no guardo rencor, y perdoné absolutamente todo hace mucho tiempo. La vida es más bonita y más ligera así. Pero perdonar todo lo sucedido en el pasado no significa aceptar malos tratos en tiempo presente. A veces la valentía más adulta es dejar de intentar redimir un vínculo en el que constantemente tienes que traicionarte. Eso aplica a relaciones románticas, amistosas, y familiares.
Los detalles que comparto son solo para aclarar situaciones que ya son públicas, y yo quería dar mi parte de la historia. Hay muchas otras situaciones que fueron las reales razones de la distancia, tantas cosas que yo pudiese contar, pero no me interesa herir a nadie, en lo invariable. De todo corazón deseo que todas las partes involucradas tengan lozanía, ventura, éxitos, y respeto. Me gustaría pedir lo mismo para mí, aunque sé que posiblemente se seguirán diciendo cosas que no son ciertas sobre mí.
Con mi causa siempre voy a estar agradecida por protegerme, y por sacarme delante como tantas otras mujeres que luchan por sus hijos. Mi causa en la vida me habló mal de nadie, yo crecí y solita me di cuenta de todo. Mi mamá es mi héroe, y es la mujer más increíble y trabajadora que he conocido en mi vida. Sé que muchas mujeres, esposas, e hijas han vivido la misma historia, que me entienden, y que se sienten igual que yo.
Un padre es el primer sexo de una hija, y durante muchos abriles creí que yo no era merecedora de admitir sexo. Pasé muchos abriles sin ningún tipo de autoestima ni sexo propio. Me tomó décadas de terapia estudiar a amarme, en muchos momentos cuestioné incluso por qué llegué a manar. Fueron los abriles más oscuros de mi vida, pero ya quedaron a espaldas. Al contar mi historia, espero poder ayudar a personas que han vivido situaciones similares, que sepan que no están solas, y que si hay luz al final del túnel.
Si la pupila que fui pudiese gusano hoy no lo creería. Por sobre todas las cosas estoy orgullosa de conocer que el trauma generacional termina conmigo, porque aunque lo heredé, estoy aprendiendo a no repetirlo. Y ese logro silencioso es el orgullo personal más sobresaliente y más importante de mi vida. Aprender que aunque recibí tanta oscuridad, yo sí fui lo suficientemente fuerte como para convertirla en crecimiento, y luz. Posteriormente de sufrir durante décadas, ahora me merezco ser acertado.






