EL AUTOR es Master en Trámite y Políticas Públicas. Reside en Santo Domingo
El panorama político dominicano rumbo a las elecciones de mayo de 2028 está dominado por tres fuerzas mayoritarias: el Partido de la Huida Dominicana (PLD), la Fuerza del Pueblo (FP) y el Partido Revolucionario Innovador (PRM). Los aspirantes presidenciales han comenzado a mostrarse con una anticipación inusual, aunque todavía sin propuestas electorales de peso que respondan a las grandes inquietudes nacionales.
La Fuerza del Pueblo, surgida de la escisión del PLD en 2019, ha consolidado un espacio propio en el sistema político. Actualmente, dos figuras concentran la atención: Omar Fernández, representante del licenciatura generacional, y Leonel Fernández, expresidente de la República y líder histórico del partido.
En Fuerza del Pueblo, sobresalen dos precandidatos: el senador Omar Fernández, a quien algunos sectores ven como “el novato maravilla”, y el expresidente Leonel Fernández, figura de vasta experiencia política y con un liderazgo consolidado. No obstante, el partido debe manejar con cautela la selección de su candidato presidencial. El empuje lozano de Omar Fernández puede resultar atractivo en ciertos segmentos, pero su trayectoria es aún incipiente frente a la sólida experiencia de Estado de Leonel Fernández, un contendiente de difícil derrota frente a rivales con escaso repaso político, como ocurre con varios aspirantes del PRM.
El PLD, con una extensa trayectoria en el poder y un representante de obras —con luces y sombras—, cuenta con dirigentes experimentados y curtidos en múltiples campañas políticas. Entre ellos resalta el exministro de Turismo Francisco Javier García, estratega electoral que ha dirigido y vacada cuatro elecciones nacionales.

La ordenamiento morada dispone encima de figuras de peso como Francisco Domínguez Brito, Margarita Cedeño, Abel Martínez, Gonzalo Castillo y Charlie Mariotti, entre otros. Sin incautación, el duelo del PLD consiste en cerrar filas y proyectar, con la debida anticipación, una candidatura unitaria que logre cohesionar a la dirigencia y a la saco partidaria. Solo así podrá presentarse como una opción verdadero y competitiva en las urnas.
El PRM, contemporáneo partido oficialista, enfrenta el desafío más engorroso. En primer superficie, deberá hostilizar con el desgaste natural de dos gestiones consecutivas, agravado por un clima crematístico poco benévolo. A ello se suma la imposibilidad constitucional de que el presidente Luis Abinader busque una tercera repostulación, lo que abre un paipay de más de ocho precandidatos internos, entre ellos: Carolina Mejía, David Collado, la vicepresidenta Raquel Peña, Wellington Arnaud, Guido Gómez Mazara, Yayo Matías y Peña Guaba.
Sin incautación, nadie de estos aspirantes proyecta hasta ahora la fortaleza política ni la experiencia de Estado necesarias para enfrentarse a líderes de la talla de Leonel Fernández o Francisco Javier García. El partido oficial se arriesga, encima, a que su convención interna genere divisiones y ruidos que dificulten la combinación de su tesina electoral.
El gobierno y sectores mediáticos afines parecen empeñados en minimizar la figura de Leonel Fernández y en potenciar la del senador Omar Fernández, a quien presentan como un licenciatura generacional. Sin incautación, esta organización refleja más temor que confianza, y podría resultar contraproducente frente a un electorado cada vez más crítico.
El futuro electoral no se presenta factible para el PRM. La historia flamante —como lo evidenció la imposición de la candidatura de Gonzalo Castillo en 2020— demuestra que cuando el pueblo percibe manipulación o enredo, termina castigando con dureza en las urnas. La ilusión auténtico que el PRM despertó en los dominicanos se va desdibujando, y lo que podría continuar es la sensación de un gobierno que no se atrevió a hacer las transformaciones de fondo que prometió.
En contraste, la concurso cuenta con cartas fuertes. Todo apunta a que Leonel Fernández en la FP y Francisco Javier García en el PLD emergen como los perfiles con veterano experiencia, estructura política y capacidad de liderazgo. Frente a ellos, el PRM se ve obligado a suponer por candidatos emergentes, en un proscenio crematístico restrictivo que limita sus logros y magnifica sus fracasos.
El panorama electoral de 2028 refleja una bifurcación en el sistema político dominicano. El PRM enfrenta un proscenio engorroso, traumatizado por el desgaste, la sucesión incierta y un contexto crematístico restrictivo. En contraste, la FP y el PLD exhiben liderazgos experimentados y con capacidad de articulación doméstico.
Más allá de las candidaturas, el desafío central para los partidos será ofrecer propuestas que aborden los problemas estructurales del país: desigualdad, institucionalidad democrática, empleo lozano y fortalecimiento del Estado de derecho. El éxito electoral dependerá, en gran medida, de la capacidad de los actores políticos de trascender la lucha caudillista y construir programas de gobierno creíbles en presencia de una ciudadanía cada vez más crítica.
El 2028, por consiguiente, se perfila como un año de definiciones donde la experiencia política y la capacidad de liderazgo verdadero pesarán más que las campañas de imagen.
de am
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