EL AUTOR es periodista. Reside en Santo Domingo.
Para un partido político o un candidato que buscan sumar adeptos y conformar una mayoría con miras a alcanzar al poder, es muy difícil repeler, de entrada, un determinado apoyo que aparezca en el camino. No hay espacio ni hay tiempo para la trasiego, pues lo que importa, en verdad y destreza, es la sumatoria y el crecimiento que conduzcan a un triunfo en las urnas.
Y es la circunstancia que aprovechan vivos y dañinos de toda calaña para penetrar o aproximarse temprano en los proyectos políticos que olfatean pueden ser opción de poder. De ahí las fotos, generalmente inevitables, sean éstas “espontaneas” o adecuadamente buscadas, con el candidato y con las figuras claves en un posible nuevo equipo de gobierno, bajo premisa de que mañana serían llaves que abran puertas a propósitos particulares.
Fotos (o videos) que, ya instalados presidente y equipo de gobierno, salen a colación, cuando esos personajes que en un momento de campaña agenciaron aparecer al costado del candidato y posibles funcionarios figuran encartados en expedientes pecaminosos o son solicitados en extradición por Estados Unidos. Ahí el daño o el “salpique” al gobierno de turno, en el pasado, el presente o cualquiera a futuro, porque el asunto es recurrente.
Nadie se ha librado de grandes ataques o cuestionamientos, tras hechos y evidencias de actos incorrectos, algunos a nivel del escándalo, producto de “malas juntas” que no se previeron ni evitaron. Al PRM, con o sin culpas directas, ahora es al que le han estado cayendo muertos pesados en los pies.
Y quizá subestimando las consecuencias, cometió el error de no marcar distancia temprano y deslindar responsabilidades. Finalmente, pero ya con los tiros picándole en los pies, el partido como institución ha fijado posición con respecto al postrer escándalo que envuelve a exfuncionarios acusados de narcotráfico en EE. UU.

En reacción tardía, el PRM se desliga de los hechos actualmente en la picota. Y lo atribuye a “conductas individuales”, que no comprometen a la institución. No comprometerán, pero son hechos y acciones que dejan su secuela y dañan imagen. ¡El tiempo dirá!
Aun en reacción tardía, el PRM hizo adecuadamente en fijar posición, partiendo de aquello de que “es mejor tarde que nunca”. Y verdad es que, en las lides políticas, los intereses que se infiltran o entrecruzan a cualquiera “salpican”. Y la lucha que da “limpiarse” del lodo regado, si le sirve de acusa a cierto que quiera hacer daño.
Y pensar que a cualquiera le puede suceder. Remembranza el caso de Arturo del Tiempo y la Torre Atiemar, al que, traído por las greñas, se quiso pelar la pava a un amigo expresidente solo por el patrón aparecer en una foto al costado del entonces cabecilla del Estado.
Dos verdades
De todo el “desbarre” de ese caso hubo dos verdades poco conocidas: el patrón, luego envuelto en un escándalo, tuvo golpe al gobernador a través de una cita gestionada por el embajador de un país amigo. La segunda, es que el patrón de remisión entraba y salía de Estados Unidos sin ningún tipo de problema, y para el financiamiento de la obra, con la debida señal, el hombre pasó todos los filtros habidos y por acontecer de los organismos correspondientes.
Me costa el apunte, porque como miembro del consejo directivo del porción que otorgó el préstamo en su momento, tuve golpe al expediente. Perversa la teoría aquella de algunos ligeros de: ” difama, que poco queda”.
encar-medios @hotmail.com
jpm-am
Compártelo en tus redes:






