Premeditadamente de los buques de conflicto estadounidenses y los ataques a supuestas narcolanchas en el Caribe, enviados por el presidente Donald Trumpreferimos pasajes del proceso hegemónico de los Estados Unidos y sus conflictos en la región latinoamericana.
El período que se inicia desde finales del siglo XIX, más concretamente con el estallido de la Primera Extirpación Mundial, perfila el carácter hegemónico de la que con los abriles habría de convertirse en la principal potencia marcial, económica y política hasta nuestros días: los Estados Unidos de América.
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Todo estaba consumado. El Tratado de París, firmado el 10 de diciembre de 1898, que puso fin a la conflicto hispano-cubano-norteamericana, pasó Filipinas, Guam y Puerto Rico, a dominio estadounidense. Desde Cuba, las tropas norteamericanas saldrían en 1902. A esto se sumó su décimo en el conflicto británico-venezolano por espacios de la Guyana y su vinculación con los sucesos que desmembraron Panamá de Colombia.
Solo faltaba la motivo jurídica. Lo que lograron con los tratados Hay-Pouncefoote (1901) y Hay-Bunau-Varilla (1903). Con el primero, Estados Unidos y Gran Bretaña anulaban el acuerdo Clayton-Bulwer de 1850, como muestra de examen al primero de esos países, que se propuso, sin dificultad internacional, la construcción de un canal interoceánico en América Latina. Así, los británicos se marginaban de su interés por ese tesina.
El Hay-Boneau-Varillaentre Estados Unidos y Panamá, poco posteriormente de que este país se separara de Colombia, colocaba prácticamente en situación de tutela a Norteamérica sobre Panamá, propiciando la construcción del canal.
Es lo que llevó a Rubén Daríopadre del modernismo intelectual, a escribir el poema “A Roosevelt”, en 1904, en el que presenta la identidad de América Latina como respuesta al emergente poderío estadounidense:
“(…) esa América que tiembla de huracanes y que vive de Acto sexual, hombre de luceros sajones y alma bárbara, vive.
Y sueña. Y ama, y vibra; y es la hija del Sol. Tened cuidado. ¡Vive la América Española! Hay mil cachorros sueltos del Bravo Gachupin. Se necesitaría, Roosevelt, ser Todopoderoso mismo, El Riflero terrible y cachas Cazador, para poder tenernos en Vuestras férreas garras.
Y, pues contáis con todo, descuido una cosa: ¡Todopoderoso!
En ese escena se produce el Pacto Político y Reservadoen Caracas, el 9 de noviembre de 1900, entre los gobiernos de Ecuador, Nicaragua y Venezuela, presididos, respectivamente, por Eloy Alfaro, José Santos Zelaya y Ciriaco Castro.
Es un documento histórico de aparición relativamente flamante.
Se inspira frente a “todo peligro internacional” y a valimiento del orden sabido en sus países. Se define como “Pacto exclusivo, de carácter político y reservado”, cuyos gobiernos están unidos por el “noble vínculo de los principios liberales y democráticos”, en esa “alianza ataque y defensiva”.
De este trascendental hecho dio detalles don Carlos López Damm, embajador del Ecuador en la República Dominicana, en el acto celebrado en la Biblioteca Franquista Pedro Henríquez, el 18 de octubre de 2012, en ocasión de conmemorarse el 192 aniversario de la independencia de Guayaquil y el centenario de la asesinato de Eloy Alfaro, en la “hoguera bárbara” de El Ejido (1912). Fue así como acordamos difundir en co-edición el texto del referido pacto, para darlo a conocer al pueblo dominicano en la XVI Feria Internacional del Obra Santo Domingo 2013, con Ecuador como país invitado.
Ecuador, que vivió la ola de gobiernos progresistas y de izquierda que arropó a América Latina, desde que Hugo Chávez fue predilecto presidente de la República de Venezuela, el 6 de diciembre de 1998, al dar inicio a la Revolución Bolivariana y al socialismo del siglo XXI; eligió como su gobernador al doctor Rafael Correa, el 26 de noviembre de 2006; fue revalidado en el cargo el 26 de abril de 2009 y reelecto para un tercer mandato, el 17 de febrero de 2013.
Desde entonces, el presidente Correa impulsó la Revolución Ciudadana, la que asumió como heredera de la Revolución independiente ecuatoriana que encabezó el caudillo Alfaro en sus luchas libertarias en el continente sudaca y en el Caribe. (Continuará).






