EL AUTOR es periodista y catedrático universitario. Reside en Santo Domingo.
El presidente de la Cámara de Diputados, Alfredo Pacheco, expresó su desacuerdo con el presidente de la República, Luis Abinader, por designar advenedizos y trepadores como funcionarios, en un número superior a los gobiernos anteriores, con la desventaja de que cuando llegan a un tarea o cualquier otro víscera estatal lo primero que hacen es revocar a sus compañeros del Partido Revolucionario Nuevo.
Pacheco es el único que se ha atrevido a anunciar públicamente lo que muchos prefieren surtir en silencio internamente del partido gobernador.
Las palabras de Alfredo Pacheco le han generado mucho apoyo interno, pero no han faltado los que, tanto desde internamente como desde fuera de la entidad política, han desaprobado la aire del presidente de la Cámara de Diputados. Lógicamente, los que atacan a Pacheco, en su mayoría, no tienen ninguna afinidad política con el oficialismo, pero en el fondo procuran hacerse los graciosos con el presidente de Estado al etiquetar al diputado de Cristo Rey de practicar clientelismo.
¿Clientelista? ¿Y cuál diputado, senador, regidor o corregidor no practica clientelismo? ¿Pacheco es el único? Son todos. En una sociedad donde los partidos políticos carecen de ideología y de principios éticos, todo el que decide aspirar a un cargo de referéndum popular es porque cuenta con millones de pesos dispuesto a gastarlos, comprando la conciencia de la parentela, mediante repartición de prebendas, patrimonio en efectivo, recetas médicas…
Es para recapacitar la época en que Juan Bosch, Joaquín Balaguer y José Francisco Peña Gómez tenían seguidores comprometidos con sus causas. Con la desaparición física de esos gigantes se cambió al militante por el cliente.

Es un contrasentido, sin secuestro, atacar a Pacheco para defender a Abinader, como si no conociéramos la historia nuevo, tan nuevo como las elecciones de 2024, donde se gastaron miles de millones de pesos en publicidad del Estado, en la importación de tránsfugas políticos, sobre todo provenientes del PLD, como presidentes de comités municipales, alcaldes, regidores, diputados y senadores. Incluso exalcaldes, exdiputados, exsenadores y exregidores.
De forma adicional, días antaño de las elecciones del 19 de mayo de 2024, se compraron cientos de miles de cédulas de opositores, reduciendo el padrón, en lo que toca a electores hábiles, provocando una inhibición de un 46%. Nunca antaño en la República Dominicana, en un certamen de carácter doméstico, había sufragado un pírrico 54%, porcentaje inferior inclusive al del 2020, cuyo proceso se desarrolló en medio de una pandemia, pero de todas maneras votó un 55% de dominicanos.
En la contienda doméstico de 2024 se reportó,desde todas las provincias y municipios, importación masiva de cédulas de opositores, un llano delito electoral. Agréguele la descomunal inversión económica que hizo el Gobierno para la fabricación de ese 57%, que requirió la reducción del caudal de votantes del PLD, en un ocho o nueve por ciento, una ordenamiento que de por sí venía con una maltrecha imagen pública desde que iniciaron los procesos judiciales, desde el Ocupación Conocido, contra antiguos funcionarios del entorno del Danilo Medina, inclusive contra varios de sus hermanos biológicos.
Es cierto que Alfredo Pacheco es clientelista, pero por lo menos ha mostrado el rostro de la solidaridad y la reconocimiento cerca de quienes han contribuido a darle el nivel político que tiene. Ahora correctamente, ocultar que Abinader ha sido clientelista en un nivel muy superior, es como alegar que Paliza, quien adicionalmente de primer ministro es presidente del PRM, nadie tiene que ver con los funcionarios de referéndum popular del PRM vinculados al narco.
Cuando Pacheco dice no entender a Luis Abinader habló en un verbo que los perremeístas entendieron. Es indudable que conectó con sus correligionarios. ¿Quiénes no lo entendieron? Aquellos que medran en torno al poder y que son tan trepadores como los funcionarios a que se refiere el presidente de la Cámara de Diputados. Los que atacan a Pacheco son los mismos que, en examen de la civilización trujillista, repiten: “Abinader es un hombre transparente y correctamente intencionado”, “Abinader es un hombre bueno, pero no tiene ayuda”. Palabras manidas y que delatan el concepto de la persona que se expresa.
jpm-am
Compártelo en tus redes:






