SAN JUAN.- «Nos vamos a retornar locos con este chiquero», expresa Celia* con desesperación desde su casa en Judería Trabajador, un sector de San Juan, la renta de Puerto Rico, que se distingue por ser uno de los epicentros de la comunidad dominicana en la isla.
La mujer llegó a esta zona hace cuatro abriles luego de cruzar de forma irregular el peligroso Canal de la Mona en una embarcación desde República Dominicana.
Dice que lo hizo por inclinación, luego de que su expareja y padre de su hija le invitó a mudarse.
Pese a lo complicado y riesgoso de su osadía, al obtener vio que de cierta forma rindió frutos. Encontró un trabajo como mesera en un restaurante, comenzó a ingresar en dólares y estableció un hogar en un vecindario en donde gran parte de los residentes conocen de cerca la experiencia de portar.
Pero desde enero, la vida de Celia, de 33 abriles, ha cubo un desvío.
Puerto Rico, un paraje estadounidense sin poderes soberanos desde hace más de un siglo, no está exento de las duras políticas antimigratorias impuestas por el gobierno de Donald Trump.
Allí asimismo avanzan las redadas del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas de EE.UU. (ICE), que hasta el miércoles había detenido a 528 migrantes irregulares, de los que 392 tenían ciudadanía dominicana.
En donde antiguamente era política pública entregar licencias de conducir y permitir desobstruir cuentas de lado a las personas que no tenían documentos de residencia, ahora se respira miedo. El gobierno almacén, incluso, confirmó que comparte información con las autoridades sobre los conductores que no tienen status migratorio admitido.
Y esa ingenuidad ha tocado de cerca a Judería Trabajador y sus locales.
Hasta el miércoles, ICE había detenido a 528 personas en Puerto Rico, de las cuales 392 son de ciudadanía dominicana.
«Yo salía del trabajo y me sentaba a despejar la mente en la plaza, a tomar la brisa. Ahora allí no hay casi nadie. Voy con miedo al restaurante y del restaurante a la casa. Por suerte, mi patrón me viene a apañarse en su automóvil y me regresa en las tardes, porque si no, no me atrevería a salir», sostiene Celia.
No solo se preocupa por sí misma, su hija, que nació en enero, le cruza el pensamiento sin detener. Luego de la primera redada en el barriada, ocurrida el 26 de ese mismo mes, cuando ICE llegó al espacio con armas y vehículos blindados, Celia decidió enviarla a su país.
«El papá -de quien ya no soy pareja- y yo firmamos un poder para enviarla con una amiga a República Dominicana. La pupila está ahora con su abuela y mi hermana. Como ella es ciudadana estadounidense, porque nació aquí, yo tenía temor de que las autoridades me arrestaran, y me regresaran a mi país, y se quedaran con ella», cuenta.
Ahora vive inmersa en la incertidumbre.
Mientras, el gobierno puertorriqueño, que no respondió a una solicitud de comentario de este medio, se mantiene de brazos cruzados delante los resolución de migrantes en la isla.
Temen, indicó a la prensa de la isla la gobernadora Jennifer González, que la despacho de Trump pueda tomar represalias y cortar el flujo de hacienda federal.
Y en Judería Trabajador, afirman activistas y defensores de derechos humanos, se gesta lo que podría ser una crisis humanitaria y económica.
Un rebelión al comercio
De acuerdo con el Instituto de Estadísticas de Puerto Ricoen el paraje viven cerca de 53.000 personas de ciudadanía dominicana. El número es una subestimación de la cantidad vivo, que se presume mucho maduro, cubo a que el Censo de EE.UU. nunca ha sido efectivo en el conteo de las comunidades minoritarias.
Aun así, la comunidad dominicana es el agrupación de extranjeros con maduro presencia en Puerto Rico, donde hay 3.2 millones de habitantes.
En genérico, San Juan es el destino predilecto para los dominicanos que hacen de Puerto Rico su hogar.
En lugares como Judería Trabajador, se audición el merengue y la salsa por igual, y se come tanto mangú como mofongo, los platos típicos a cojín de plátano distintivos de ambas naciones.
No obstante, «ahora está muerto», dice desde su negocio Rosario de la Cruz, una dominicana que lleva en la isla 20 abriles. «Si pasan de oscuridad dos o tres carros es mucho, antiguamente aquí carencia se detenía», añade.
Es dueña del Fogón de Charyuna fonda en la que vende comida dominicana y puertorriqueña. Antiguamente de la implementación de las medidas de Trump, vendía de US$3.000 a US$4.000 diarios. Adicionalmente, tenía cinco empleados, e incluso mantenía las puertas abiertas hasta la mañana.
Rosario de la Cruz tuvo que estrechar las horas de operación de su negocio y despedir personal delante la devaluación de clientes en Judería Trabajador.
«Ayer, en todo el día, solo llegaron cinco clientes», sostiene. «Si estoy vendiendo US$100 al día es mucho».
Ha despedido a sus trabajadores, ahora solo atiende con su hermana, y redujo las horas de operación a solo las tardes. Tras 11 abriles de emprender, quizás deba cerrar y buscarse un empleo, señala de la Cruz, quien asimismo es causa soltera y les envía remesas a sus hijos veinteañeros en República Dominicana.
«Mi permiso de residencia me lo dieron el otro día, así que imagino el miedo de la clan. Si a mí me deportan a República Dominicana, ni siquiera mis hijos me van a conocer perfectamente, porque por la carestia, yo los dejé en el país de pequeños», comenta.
Poco similar le ocurre a Gerald Hernández, dueño de un establecimiento de remisión de divisas y de una peluquería.
De 30 clientes al día, ahora solo siete u ocho llegan a su almacén a despachar hacienda. Y lo hacen atemorizados. En la peluquería, ahora solo se trabaja en fin de semana.
«La clan viene desesperada, en Uber para no caminar o piden a cualquiera que los traiga en un automóvil y que les espere en la puerta. Y es que, durante las redadas, cuando los arrestan, los tratan como si fueran delincuentes», indica Hernández, quien desde 2019 vive en Puerto Rico y tiene permiso de residencia.
El comerciante asegura que conoce a otras personas que han tenido que cerrar sus negocios por el bajo flujo de clientes.
«No tengo mucha esperanza, porque esto es una orden presidencial. Debemos mantenernos batallando durante estos cuatro abriles, a ver si el negocio sobrevive. Ahora tendré que usar mis ahorros para mantenerme».
OPERATIVOS «INHUMANOS»
Para José Rodríguez, portavoz del Comité Dominicano de Derechos Humanos en Puerto Ricolos operativos de ICE han sido «desproporcionados» e «inhumanos».
Los agentes de inmigración se han centrado en intervenir no solo los barrios en donde vive una gran cantidad de dominicanos, asimismo sus espacios de trabajo, como los restaurantes y las construcciones, sectores que cuentan con una cantidad significativa de mano de obra migrante.
La redada más ilustre ocurrió a mediados de mayo, cuando 53 personas fueron arrestadas mientras realizaban labores de construcción en La Concha, un agradecido hotel de la renta.
En Judería Trabajador, cuenta Rodríguez, durante sus intervenciones las autoridades han derribado puertas de casas de «clan humilde», aunque ICE le dijo a BBC Mundo en una exposición escrita que ningún de sus agentes «ha reportado puertas forzadas para hacer alguna entrada».
«Ahora la clan no se atreve salir a trabajar, eso crea una crisis humanitaria y de derechos humanos. Hay personas que están pasando escasez encerradas en sus casas. Adicionalmente, no pueden despachar hacienda a sus familiares en República Dominicana. Eso crea una reacción en sujeción», sostiene Rodríguez.
Cartel que dice «ningún ser humano es ilegal» con varias banderas en una puerta de Judería Trabajador, San Juan, Puerto Rico.
Activistas afirman que algunos migrantes en Puerto Rico desisten de apañarse ayuda médica o de las autoridades por miedo a ser arrestados y deportados.
Romelinda Grullón, del Centro para la Mujer Dominicanauna estructura que ofrece ayuda a migrantes víctimas de violencia de variedad, comenta que hay personas que tienen sus tratamientos médicos y sicológicos atrasados por miedo a ser detenidos.
En su propia estructura ha pasado un beocio flujo de personas y han tenido que cambiar gran parte de los servicios a modalidad potencial.
«Nadie está seguro en ningún espacio, ni siquiera en los tribunales. Hay personas que están viviendo situaciones de violencia y no se atreven a ir delante un árbitro a denunciar por miedo a que les arresten y deporten», explica.
Del número total de migrantes en Puerto Rico, 52% son mujeres, asegura. Y muchas experimentan situaciones similares a Celia y Rosario de la Cruz, quienes son madres solteras y único sostén de sus hijos en República Dominicana.
«Sienten que se puede hacer muy poco y que están en una situación de desamparo», indica Grullón.
El Capítulo de Puerto Rico de la Unión Chaqueta de Libertades Civiles y el Colegio de Médicos Cirujanos han comenzado una iniciativa para ofrecer servicios de orientación admitido y de sanidad a domicilio, en pesquisa de apoyar a la comunidad migrante de la isla, cuenta Rodríguez.
El instigador asimismo criticó a los gobiernos de Puerto Rico y República Dominicana.
«Son gobiernos que se arrastran delante Donald Trump, no lo enfrentan», señala.
Y agrega que, en República Dominicana, el presidente Luis Abinader está implementando una política similar a la de EE.UU., pero con la comunidad haitiana.
«Abinader y Donald Trump son cómplices», dice.
La cancillería de República Dominicanaal igual que hizo el gobierno almacén de Puerto Rico, no respondió a una solicitud de comentario de BBC Mundo.
Puesto de traspaso de frutas en barriada operario, San Juan, Puerto Rico
El gobierno de Puerto Rico evitó intervenir con la política migratoria de Trump por temor a perder fondos federales.
FAMILIAS SEPARADAS
La Iglesia Metodista San Pablo de Judería Trabajador ha tenido que ir a atender a sus fieles a las casas.
«Escasamente hay clan en la calle», dice la pastora Nilka Marrero.
Durante las pasadas semanas, han repartido entre la comunidad migrante de la villa 1.476 bolsas de comida y cerca de 4.000 platos calientes.
Están «limitados por la errata de fondos», pero es al menos «un pequeño alivio» a las dificultades que están viviendo.
Adicionalmente de los alimentos, ofrecen ayuda sicológica y orientación admitido, así como el acostumbrado apoyo espiritual.
En el barriada, comenta, no solo se ha desplomado la actividad económica. Los residentes se están yendo.
«Las familias están quedando separadas, hay mucho desplazamiento. Algunos se están yendo a las montañas de Puerto Rico en pesquisa de estabilidad emocional. Hay otros que han decidido voluntariamente irse a sus países», cuenta.
Cerca del Judería Trabajador, hay dos edificios que «parecen esqueletos», a medio construir, detalla. Uno es un esquema de expansión de las oficinas de un lado y el otro es la estructura en el hotel La Concha en donde arrestaron hace unas semanas a decenas de migrantes.
ICE en Puerto Rico ha realizado redadas no solo en lugares como Judería Trabajador, asimismo en espacios donde es global que trabajen los migrantes, como las construcciones.
No hay trabajadores suficientes para terminar la obra.
«Cuando afecte la caudal en una maduro escalera, es que el gobierno tomará obra, por ahora no espero carencia por parte de ellos», dice la pastora.
Celia, por su parte, no puede quedarse en casa. Su hija necesita sustento. Así que piensa seguir trabajando en el restaurante de la forma más discreta posible.
Por toda la situación que está viviendo, dice que no se siente perfectamente.
Pero no es solo un tema emocional, la mujer padece de presión incorporación. Por suerte, no ha tenido que ir en días recientes al médico y ha conseguido comprar sus medicamentos en la laboratorio, evitando caminar e invirtiendo en Uber.
«No tengo humor ni fuerzas en el cuerpo, llevo diez abriles padeciendo de esta enfermedad. Tú sabes, a las personas hipertensas, el cuerpo se nos afloja», suelta.
E insiste: «Espero que nos dejen trabajar, a los dominicanos nos gusta trabajar».
*Celia es un nombre ficticio para proteger la identidad de nuestra entrevistada.*
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