En el Gobierno de Luis Abinader ya no solo protestan los opositores: ahora son los propios aliados los que comienzan a alentar la voz.
Esta vez le tocó al Partido Humanista Dominicano (PHD), que salió al ruedo pidiendo lo que muchos comentan en los pasillos del poder pero pocos se atreven a asegurar en sabido: más remociones y una depuración vivo del tren ministerial.
El presidente del PHD, Ramón Emilio Goris, fue directo al cuello. Aseguró que prolongar funcionarios que no han poliedro la talla no solo frena las transformaciones prometidas, sino que golpea la encargo y, peor aún, al pueblo dominicano. Y lanzó una de esas frases que arden: “Hay funcionarios que no ayudan al presidente a cumplir su encomienda; algunos se sienten tan encumbrados que ni siquiera responden una citación telefónica”. Traducido al habla popular: se creen intocables.
Lo interesante del mensaje no es solo la crítica, sino de dónde viene. No es la competición tradicional, no es un comentarista accidental, es un amigo político del oficialismo que está diciendo en voz suscripción lo que muchos militantes del PRM murmuran: que hay funcionarios que llegaron al poder, se acomodaron en la apero y se desconectaron del compromiso con la masa.
Goris, eso sí, matiza: reconoce que interiormente del Gobierno hay colaboradores valiosos, técnicos y entregados. Pero evidentemente por eso, advierte que los que no funcionan sobran. Y cuando un amigo empieza a pedir públicamente “depuración”, la señal es clara: el malestar interno ya no cerca de debajo de la alfombrilla.
En política, cuando los aliados empiezan a “pegar el lamento al Gloria”, no es por deporte. Es porque sienten que el plan corre el peligro de desgastarse desde adentro. Y como perfectamente dice el PHD, al final quien paga la ineficiencia no es el funcionario, sino el ciudadano.







