La desaparición de Brianna Genao se suma a otros casos recientes como el de Roldany Calderón, de 3 abriles de permanencia, desaparecido en Jarabacoa en marzo de 2025, y de otros menores cuyos cuerpos han sido hallados sin vida, en distintas localidades del país.
El 31 de diciembre de 2025, mientras el país despedía el año, la tribu de Brianna iniciaba el sufrimiento de su desaparición en la comunidad de Artesano, municipio Imbert, en Puerto Plata.
Su nombre se integra a una registro de niños y niñas cuyos paraderos todavía son desconocidos y que, en el peor de los casos, algunos han sido hallados muertos.
Roldany Calderón, por ejemplo, desapareció el 30 de marzo de 2025 en Manabao, Jarabacoa, y hasta el momento se desconoce su paradero.
Estos dos casos tienen características similares: la misma permanencia de los niños y un entorno rural y comunitario, donde la vigilancia y la respuesta inmediata de las familias y vecinos son vitales, pero además en el que las limitaciones institucionales suelen ser más evidentes por la desaparición de políticas públicas.
Otros menores han sido reportados como desaparecidos en distintas localidades del país, sin respuestas concluyentes. En varios casos, las búsquedas terminaron con el hallazgo de cuerpos inertes y abandonados, multiplicando la indignación y el dolor.
El patrón es peligroso y temible y si no se actúa a tiempo, la tragedia puede convertirse en recurrente pesadilla social y criminal.
La Policía Doméstico, el Servicio Conocido y los organismos de protección pueril no han conseguido articular una coordinación efectiva, sin que se puedan apreciar las causas que puedan documentar tal imposibilidad.
La famosa paciencia de 24 o 72 horas para determinar a alguno desaparecido, por razones culturales y burocráticas, es un hueco crítico que retrasa las búsquedas y pone en peligro la vida de las personas, niños, jóvenes o adultos extraviados en cualquier parte del país.
Aunque existen avances, como protocolos de búsqueda, cooperación internacional, unidades especializadas, los vacíos siguen siendo profundos y se manifiestan en la desatiendo de estadísticas claras, desaparición de un sistema doméstico de alerta inmediata y escaso comitiva a las familias, que muchas veces enfrentan la búsqueda en soledad.
En julio de 2025, la Cámara de Diputados aprobó el tesina que crea la Alerta Amber, pero aún está irresoluto de ser conocido en el Senado.
Esta cuchitril rebusca activar de inmediato la búsqueda de desaparecidos, coordinar al Estado, a los medios de comunicación y a la ciudadanía y certificar que cada denuncia se atienda como una actual emergencia y no como un simple trámite moroso.
La pregunta es irremediable: ¿qué obstaculiza su aprobación final y posterior promulgación?
Es cierto que la primera estría de protección de la tribu, fundamentalmente de los menores, está en el hogar, que no puede ser sustituido por ningún sistema de alerta, y que allí, deben prevalecer normas básicas de seguridad y de comunicación frente a cualquier situación extraña, incluso, cuando ni siquiera exista el dominio del deje, como en los casos que se han referido.
La desaparición de Brianna, de Roldany y de tantos otros niños y niñas no puede salir como un eco perdido en la memoria.
Estas realidades deben convocar a crear redes de apoyo con vecinos, escuelas, iglesias y asociaciones, en las que participen todos.
La responsabilidad debe ser compartida, porque si acertadamente el Estado tiene la obligación de certificar sistemas de protección, la tribu es el núcleo donde se cultiva la seguridad y la confianza.
El país necesita cambiar el dolor en obra, la indignación en política pública y la desaparición de estos y otros pequeños en un pacto doméstico entre Estado, familias y comunidades. Cada minuto de postergación en hacerlo es un minuto de horror.






