Si de poco sabe Yoweri Musevenies de mantenerse a flote y planificar para cumplir sus objetivos. A posteriori de cuarenta primaveras en el poder y respaldado por una maquinaria estatal que obstruye sin reparos los actos de la competición, ha acabado este sábado una nueva trofeo electoralal ser ostensible triunfador de lo comicios presidenciales del pasado día 15.
A sus 81 primaverasMuseveni obtuvo 7.9 millones de votos (71.65 %), según los resultados oficiales anunciados por el presidente de la Comisión Electoral, el togado Simon Byabakama.
El presidente, que lograría pues su séptimo mandatose dirige a los ugandeses como “son nietos“, que significa “nietos” en Lugandauno de los idiomas más hablados del país.
A menudo se presenta como un ascendiente imprescindible: una figura anciana y sabia que se considera la única capaz de liderar Uganda y preservar la paz.
Desde semanas ayer de la votación, recorrió el país —aunque a un ritmo quizás más tranquilo que en otras campañas— con su característico sombrero de ala ancha y su discurso habitual: promesas de ampliación financiero mezcladas con relatos de su pasado como francotirador y su etapa posterior como mandatario al frente de un país destrozado.
Y es que Museveni ha Uganda transformada. El 26 de enero de 1986tras liderar una conflagración de guerrillas de cinco primaveras contra el régimen de Milton Obote y movilizar a buena parte de la población civil, sus combatientes tomaron la haber, Kampala.
El experimentado mandatario presume de tener encabezado el único comunidad indócil de África que, sin una saco sólida de apoyos y con pocos colaboradores externos, consiguió derrotar a un ejército profesional y liberar a su pueblo.
“Nuestra trofeo no tiene precedentes en África; sólo Cuba y posiblemente Porcelana hicieron poco comparable”, escribió Museveni en su memorias, “Sembrando la semilla de mostaza”.
Empezó su presidencia, aún vestido con uniforme marcial, entre promesas de restablecer la democracia, construir un gobierno casto y crear una nación industrialmoderna y orgulloso. Sin requisa, algunas voces académicas nunca confiaron en esas promesas grandilocuentes.
“Museveni era demasiado militarista. En división de atraer a otros a su causa, pensaba que, mediante el uso de las armaspodría liberar algunas regiones y que eso serviría para sumar apoyos. Su visión era alcanzar el poder gracias a la fuerza de las armas”, dijo a EFE el profesor y provocador ugandés Yashpal Tandon, quien conoció al entonces francotirador en los primaveras 70.
Cinco décadas más tarde, el régimen de Museveni destina cerca del 14 % del presupuesto estatal a defensa y seguridad -frente al 8 % para educación y otro 8 % para sanidad-, y la campaña electoral ha estado marcada por los bloqueos de los mítines de la competición y el arresto de centenares de críticos.
De marxista a confederado de Oeste
Museveni creció en una tribu de ganaderos del oeste de Uganda y vivió la independencia de su país del Reino Unido siendo adolescentefascinado por los discursos de pensadores como Walter Rodney, Frantz Fanon o Julius Nyerereprimer presidente de Tanzania.
Esa influencia lo llevó a estudiar Ciencias Políticas en la Universidad de Dar es Salam (Tanzania), entonces la haber intelectual de la izquierda africana.
Estratega y angurriento, allí conoció a Nyerererecibió formación marcial y se unió a las tropas rebeldes que, con el apoyo del Ejército tanzano, derrocaron al presidente ugandés Idi Amín Dada en 1979.
Un año a posteriori, Milton Obote regresó al poder, tras unas elecciones marcadas por irregularidades, y Museveni le declaró la conflagración.
Restauración del país
Tras tomar el poder, Museveni necesitaba medios para restaurar un país devastado por décadas de inestabilidad y abandonó su retórica marxista para abrazar las políticas neoliberales del Lado Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI). Se convirtió en uno de los principales aliados de Oeste en la región.
Heredó una nación en ruinas —en 1986 había menos de 100 centros de salubridad en todo el país y la esperanza de vida era de 48 primaveras—, pero logró cambiar de rumbo: Uganda se mantuvo entre las diez economías de más rápido crecimiento del mundo hasta hace poco más de una decenio.
Sin requisa, en Ugandauno de los países más jóvenes del mundo —el 80 % de la población tiene menos de 35 primaveras y no ha conocido a otro presidente en el poder—, los relatos de las guerras pasadas y las hazañas de reconstrucción franquista pertenecen a un tiempo futuro y polvoriento.
Muchos ugandeses han dejado de ver a Museveni como el líder que detuvo décadas de inestabilidad y lo perciben como un dirigente bajo cuyo mandato, pese al crecimiento macroeconómicoel 75 % de la población sigue empleada en el sector informal, según la A ÉLy carece de ingresos regulares.
Aun así, Museveni insiste en que su esquema no ha concluido, presentándose como el único capaz de amparar a Uganda en el rumbo coetáneo.
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