LA AUTORA es mercadóloga y comunicadora. Reside en Santo Domingo.
En este inicio de 2026, deseo para todos un año repleto de fe y confianza en el Señor, paz, acto sexual, prosperidad y esperanza. Que este nuevo ciclo nos brinde oportunidades para crecer y fortalecernos en nuestra fe, así como para compartir bondad y alegría con quienes nos rodean.
Se acerca el 6 de enero en que celebramos la Fiesta de la Epifanía (Los Reyes Magos de Oriente), nos invita a meditar sobre su profundo significado.
Epifanía es un término helénico que se traduce como “manifestación”. Celebraremos el hecho histórico en que los Reyes Magos de Oriente, guiados por la extraordinaria brillo de una sino, llegaron a Nacimiento a querer y postrarse frente a el Criatura Jesús, Salvador del mundo.

Los grandes padres latinos, como San Agustín, san Valiente y San Gregorio, se sintieron fascinados por estas figuras tan peculiares. No mostraron curiosidad por conocer quiénes eran o de dónde venían, ni tuvieron interés en tejer leyendas a su en torno a. Su verdadera preocupación radicaba en determinar lo que representaban y su función simbólica. Estos Reyes del Oriente representan a las naciones del mundo y simbolizan la inclinación de todos los hombres cerca de la única Iglesia de Cristo. Así se entiende la universalidad de esta fiesta: Altísimo deja de manifestarse solo a una raza o a un pueblo privilegiado, y se da a conocer a todo el mundo. La buena anuncio de la salvación es comunicada a todos, pues el acto sexual de Altísimo abraza a cada uno de nosotros.
Otro detalle importante que nos pasión la atención es que, una vez que llegaron, adoraron al Señor y le ofrecieron regalos, y regresaron por otro camino, que debemos interpretar como su conversión y renuncia de la hechicería.
Veamos un fragmento del Sermón 222 de san Agustín, que profundiza en esta consejo. Nos dice cómo el Criatura Altísimo libró a estos Reyes Magos: “Habiendo venido a destruir en todo el orbe, con la espada espiritual, el reino del diablo, Cristo, siendo aún caprichoso, arrebató estos primeros despojos a la dominación de la idolatría. Apartó de la peste de tal superstición a los magos que se habían puesto en movimiento para adorarlo, y, sin poder conversar todavía en la tierra con la lenguaje, habló desde el firmamento mediante la sino y mostró no con la voz de la carne, sino con el poder de la Palabra, quién era, de dónde y por quiénes había venido”.
Todavía para nosotros proclamaron los cielos la edén de Altísimo; igualmente a nosotros nos conduce a querer a Cristo y servirle como lo que es: el Rey de Reyes.
jpm-am
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