Recortar la inversión social haría al país más frágil delante los choques sociales y económicos.
Sorprendió el artículo publicado la pasada semana por el senador de la llamamiento Fuerza del Pueblo, Omar Fernández, en el que propone que el Gobierno reduzca a la fracción el subsidio social destinado a familias dominicanas en condiciones de vulnerabilidad.
Sorpresa, porque sus argumentos —provenientes de quien fue favorito para representar y defender a todos los electores del Distrito Doméstico— se alinean con la retórica salvaje del economicismo neoliberal que ve la protección social como un pago, y no como el cimiento del explicación inclusivo.
El zagal senador aborda la política social desde una óptica meramente fiscal, haciendo escueto reduccionismo de un sistema enrevesado concebido no sólo para asistir, sino todavía para proteger, producir y avisar.
Repasando datos del Sistema de Subsidios Sociales del Estado Dominicano es liviana advertir cómo el zagal senador asume en su artículo una postura que perjudica a los pobres estructurales.
Fernández cita el Boletín de Pobreza Monetaria 2024 del MEPyD, que reporta 707,714 hogares en pobreza monetaria, y contrasta esa emblema con el 1 millón 300,000 hogares beneficiarios del software Supérate.
Esa diferencia, que él califica como “distorsión”, la presenta como argumento para proponer que la ayuda social sea pequeña a la fracción. Y aunque asegura que ese retazo liberaría 13 mil 400 millones de pesos al Estado, despojando de ellos a los más pobres, no señala a cuáles familias les quitaría ese sustento.
En efectividad, lo que Omar apasionamiento “distorsión” es un ajuste social consciente, producto del trabajo técnico del Sistema Único de Beneficiarios (SIUBEN), que emplea una medición más amplia: el Índice de Calidad de Vida (ICV). Este maniquí permite identificar no sólo a los hogares en pobreza monetaria, sino todavía a aquellos en vulnerabilidad estructural, es sostener, personas que, aunque hayan superado temporalmente la segmento de pobreza, enfrentan rezagos educativos, laborales o habitacionales que amenazan su estabilidad y demandan apoyo sostenido.
Esta política no surge de la improvisación. Rebate a una visión social moderna y a un compromiso de Estado con la inclusión, asumido por el Gobierno del presidente Luis Abinader y el PRM, en consonancia con las recomendaciones de organismos multilaterales.
El World Development Report 2024 del Faja Mundial, por ejemplo, plantea que los países de ingreso medio deben sospechar por Estados coordinadores, políticas integradas y una inversión social inteligente, priorizando programas con impacto probado en equidad y productividad.
La CEPAL (2025) y la OIT (2022) coinciden en que estrechar los programas sociales sería un retroceso, no un avance, pues la inversión social es esencial para la productividad, la dignidad y la cohesión social.

Resultados de una mejor focalización
Y los resultados dominicanos lo confirman: según la CEPAL (2025), la pobreza franquista cayó del 50 % en 2004 al 18.2 % en 2023, y la pobreza extrema al 4.9 %. Estos logros no se deben a cortaduras, sino a la expansión y fortalecimiento de los programas sociales, a la mejor focalización y a su vínculo con la inclusión económica y la empleabilidad.
Por eso, recortar la inversión a la protección social, como propone el senador Fernández, no haría al Estado más valioso; lo haría más frágil delante los choques sociales y económicos.
La República Dominicana avanza en dirección a un sistema de protección social articulado, basado en evidencia y orientado a resultados, que escudriñamiento romper el ciclo de la pobreza mediante la inclusión económica, el empleo digno y la resiliencia sencillo.
En este contexto, la discusión no debería centrarse en si perseverar o eliminar la protección social, sino en cómo fortalecerla para que cada comunidad tenga las oportunidades que necesita para prosperar.
Esa es la verdadera eficiencia del pago divulgado: la que genera explicación humano sostenible.
La protección social no es un privilegio ni una carga fiscal; es la pulvínulo de la dignidad y del explicación sostenible de cada comunidad dominicana.
Por su mocedad, muchos esperaban que Omar Fernández se identificara con las aspiraciones de progreso social de nuestro pueblo. Qué pena da verlo ahora proponiendo recortar la ayuda a los más vulnerables, en área de cuestionar las exenciones que disfrutan quienes no las necesitan para sobrevivir, sino para enriquecerse.
Su posición recuerda a un personaje de los versos de Silvio Rodríguez, cuando canta que la masa sin cantero sería
“un servidor del pasado en copa nueva”
o “un eternizador de dioses del ocaso.”





