LA AUTORA es trabajadora social y comunicadora. Reside en Santo Domingo.
Robar es tomar lo visible, es quitar una cosa a su dueño por medio de la violencia o de un patraña; la forma de sustraerlo depende de la privación, deseo, posición, de la partida de firmes títulos morales y vacíos en la formación. Hay quienes roban con organización, fríamente calculada, usando testaferros, estableciendo negocios, fundaciones, etc.; otros son más rústicos, improvisan, desafían, actúan desesperados.
En algunos funcionarios, administradores de los haberes del pueblo, la deseo se desborda, al ver en su entorno la facilidad de tocar miles de millones de pesos. Tranquiliza que a veces surge determinado con dignidad y coraje que los detiene; a otros, lo somete a la rectitud sin importarle que haya sido presidente de la República, ministro, diputado, corregidor, o quien sea.
Duele que los pobres, confíen en determinado sin fortuna económicos como ellos, pero con mucho talento, lo elijan para habitar una adhesión posición desde donde los ayude, pero a los dos o tres primaveras, esa persona se convierte en multimillonario, búsqueda a su nueva clase “los tutumpotes” y se olvida de los “hijos de machepa” quienes mueren por desliz de comida y medicina; duele que le prometieran combatir la miseria, corrupción y trabajar por la rectitud social, pero al conmover al poder lo usaron, no solo para robar, sino para blindarse y enlodar la rectitud; buscaron algunos jueces débiles y ambiciosos para formar Altas Cortes, que al igual que ellos fueran capaces de usar su poder para sacar ventajas personales.
Todo parece indicar que la población está desamparada; la rectitud solo funciona como tal para quienes roban un salami, plátanos y cien pesos; no sé cuántos presos tenemos en las cárceles por ese motivo, deberían hacer un inventario; la suma total de monises usurpado por estos ladroncitos, de seguro que no llega ni a la cuarta parte de uno de aquellos a quienes le han archivado el expediente porque la rectitud asegura que supieron ganarse sus cientos y miles de millones, en buena lid.
Deberían hacer una reingeniería a las Altas Cortes del Poder Contencioso; algunas de sus decisiones confunden; ni si, ni no; un poco de castigo, como para complacer sectores; con sus acciones, más aceptablemente, motivan al robo en holgado porque solo así, la impunidad está garantizada.
Para que haya un poco de rectitud y arrope a todos por igual, apoyaría que abrieran las puertas de las cárceles para que salgan los ladronzuelos, los que han sustraído salamis, medicinas y pesitos, para atender asuntos familiares; llevarlo a prisión, parecería darle un pellizco, una forma de decirles que están preso, no por robar, sino por no conquistar lo suficiente para saciar las apetencias de dirigentes políticos, jueces, de Altas Cortes.
Los poderes del Estado, el Ejecutante, el Parlamentario y el Contencioso, deben despabilarse la forma de establecer una plataforma para conseguir un incremento integral, harmónico, humano, en todos los sectores, que permita a la población atender sus evacuación básicas y comprender la importancia de la paz espiritual, por encima de lo material.
Reconozco que soy una campesina que no sabe de leyes, pero aquí, en la tranquilidad de mi hogar y sentada en la mecedora que perteneció a mi yayo, no puedo dejar de expresar mis inquietudes. ¡Oh Todopoderoso, protege el pais y ayúdanos a entender las decisiones de las Altas Cortes!.
JPM
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