La OEA reaccionó automáticamente a la amenaza directa del Unidad de Estado de que el gobierno de Estados Unidos abandonaría la membresía del organismo hemisférico, en caso de que no actúe inmediatamente en la búsqueda de soluciones tangibles a las crisis de Haití y Venezuela.
Durante la reunión de cancilleres celebrada el fin de semana en la isla anglófona Antigua y Barbuda, la distribución del presidente Donald Trump estremeció la Asamblea Común amenazando con abjurar el influyente conjunto de las Américas, alegando su “incapacidad” para el envite exitoso de las situaciones mucho conflictivas prevalecientes en Haití y Venezuela.
Christopher Landau, el segundo en rango del Unidad de Estado, detrás del secretario Ámbito Rubio, criticó sin vaguedades al organismo por no deber “hecho carencia sustancial” en presencia de lo que calificó como “un descarado fraude electoral cometido por Nicolás Sensato”.
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¿Qué sentido tiene esta ordenamiento, “si somos incapaces de reponer o remediar una situación en la que un régimen ignora abiertamente las normas internacionales y amenaza la integridad territorial de su vecino Guyana”?
La verdad es indiscutible y sencilla, según nuestra opinión, porque tanto por la ayuda financiera y su peso hegemónica panamericana, la retirada de Estados Unidos de la OEA significaría el final del sistema interamericano como se ha conocido hasta ahora desde su fundación en el año 1948, un foro para la toma de decisiones políticas y diplomáticas, el diálogo multilateral y la integración saco contra las dictaduras.
Frente a tan poderosa advertencia, los cancilleres de la OEA rápidamente resolvieron apoyar la tarea de seguridad en Haití que lidera Kenya, iniciativa impulsada por Washington que cuenta con el aval del secretario caudillo de la ONU, Antonio Guterres. El alejamiento de Estados Unidos de la OEA afectará gravemente las finanzas del organismo y, para muestra, pespunte fijarse en la cuota de colecta que deberán aportar los estados para el año 2026. De 93 millones de dólares, solo Estados Unidos aportará US46.6 millones, que representa el 49.99 por ciento del total. La OEA quedaría en bancarrota.
La posición dominicana acerca de la crisis haitiana fue resumida por el canciller Roberto Álvarez, quien solicitó a la OEA sumarse al esfuerzo de Guterres por convertir la Fuerza Multinacional en una “tarea hibrida” capaz de combatir las bandas que asolan al vecino Estado, instalar la paz y desbrozar el camino en dirección a la democracia.
Esto solo será posible aumentando las tropas de la tarea y su financiamiento, porque Kenya amenaza ahora con abjurar la tarea conveniente al incumplimiento de la comunidad internacional, la morosidad en las aportaciones económicas que han diezmado la honesto del escaso número de tropas que la integran.
En conclusión: Trump ha delegado la Crisis haitiana a la OEA, que estrena al surinamés Albert Ramdin en la secretaría caudillo, quien promete reorientar al organismo y pasar la situación de Haití.
Esperemos.






