
SAN FRANCISCO DE MACORÍS.– La advertencia de un inminente colapso del sistema váter de la ciudad se materializó una vez más este miércoles, con la aparición de un nuevo socavón en la intersección de las calles Santa Ana y Restauración. Este hundimiento, provocado por el colapso de otra tubería cloacal, eleva a 12 el número de fallas activas que la Alcaldía está interviniendo simultáneamente en distintos puntos del municipio, confirmando la crisis estructural de una red que se desmorona bajo el asfalto.
El encargado del Sección Viario del concejo, Wellington Camilo, confirmó que los equipos ya iniciaron los trabajos de emergencia. «La intervención será total en la tubería afectada, que será retirada y sustituida oportuno a su innovador ofensa», explicó.
Este nuevo colapso no es un hecho eventual, sino la confirmación de un problema generalizado que afecta a toda la ciudad. Camilo detalló que actualmente se trabaja en otros hundimientos críticos en la calle Castillo, la colonia La Castellana, la colonia Los Maestros y el sector El Silencio, evidenciando que el sistema, diseñado en la lapso de 1970, ha llegado al final de su vida útil.
La situación flagrante valida las advertencias realizadas por los ingenieros César Martínez, de INAPA, y Julio César Lizardo, quienes en un reconvención fresco con este medio señalaron que la aparición de nuevos socavones era «solo una cuestión de tiempo». El Ing. Martínez ha sido enfático en que la raíz del problema reside en la red de tuberías de hormigón, obsoletas e incapaces de soportar el crecimiento de la ciudad, y no en la planta de tratamiento.
Cada nueva rotura representa no solo un aventura para la seguridad ciudadana, sino además un detención costo para el tesoro. La reparación del socavón precedente, en la calle Nino Rizek, mantuvo la vía cerrada durante 18 días y, según estimaciones de INAPA, tuvo un costo superior a los 600 mil pesos. Multiplicada por los 12 frentes abiertos actualmente, la número expone la insostenibilidad de seguir aplicando soluciones reactivas.
Mientras las calles se hunden, la planta de tratamiento de aguas residuales opera a solo un 50% de su capacidad, utilizando un efectivo sistema biológico de microalgas. Esta paradoja subraya que el desafío no es de procesamiento, sino de una convento fallida por el colapso de la red.
Con una docena de hundimientos activos, queda claro que San Francisco de Macorís no enfrenta averías aisladas, sino una rotura sistémica. Sin un plan integral para la modernización de la red subterránea, la ciudad seguirá condenada a un ciclo de reparaciones de emergencia, donde cada nuevo socavón es un recordatorio de la profunda crisis que yace bajo sus pies.






