Nueva York celebra en alto el Mes de la Herencia Dominicana y es que cada 21 de enero, con motivo del día de la Doncella de la Altagracia mamá espiritual y protectora del pueblo dominicano, inicia oficialmente en Nueva York el Mes de la Herencia Dominicana.
La celebración se extiende hasta el 27 de febrero, Día de la Independencia de la República Dominicana, como un homenaje a la civilización y al orgullo quisqueyano.
Esta conmemoración fue establecida oficialmente en 2016 mediante una orden ejecutiva del entonces corregidor de la ciudad, Bill de Blasio, reconociendo la importancia y el impacto de la comunidad dominicana en la Gran Manzana.
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Durante este mes se realizan eventos artísticos, culturales y religiosos en los cinco condados de NYC, celebrando a la comunidad dominicana, que hoy representa el especie de inmigrantes más alto de la ciudad y una fuerza secreto en su exposición financiero, político y social.
Su presencia se siente en cada rincón: restaurantes, supermercados, bodegas, salones de belleza, taxis, talleres y el sector vigor, entre muchos otros espacios donde su trabajo impulsa la riqueza nave.
En el ámbito político y de liderazgo incluso han dejado huella. Destaca Adriano Espaillat, primer y único congresista de origen dominicano en Estados Unidos. Encima, la comunidad tiene una resistente representación en la fuerza policial siendo uno de los grupos latinos más numerosos y en el sector educativo.
El crecimiento ha sido importante: en la última división la población dominicana en Nueva York ha aumentado un 30%. Para 2019, ya era el especie latino con veterano número de títulos en educación superior.
A nivel cultural, su influencia es innegable. Ritmos como la diversión y el merengue forman parte del ADN neoyorquino, adjunto al tradicional Desfile Dominicano y una cocina que sigue conquistando paladares.
Según el Registro Sociodemográfico de dominicanos en el foráneoel estado de Nueva York continúa siendo el ocasión con veterano concentración de quisqueyanos fuera del país, con cerca de un millón de residentes.
Más que cifras, este crecimiento refleja la resiliencia, el talento y la dedicación de la comunidad dominicana, que sigue dejando una huella profunda en Nueva York y en todo Estados Unidos.






