
Para que vean que somos chiquitos pero tupíos aquí en nuestro patio la policía mata casi cuatro veces más que en los Estados Unidos, no una, ni dos ¡Cuatro! y eso que ese país norteamericano tiene auge de tener una gran delincuencia y criminalidad con sicarios, asesinos, matones, gánster y otros santos y beatos del delito.
Y luego presumen de tener pistoleros famosos como Billy The Kid, Jesse James, o Clay ¨el perturbado¨ Allison, poco menos que idolatrados en sus películas del Oeste.
Niños de teta frente a nuestros agentes, Papo, Tico, o Ñeñe, capaces de lamberse cinco personas de un fuetazo o mejor dicho de un supuesto intercambiazo.
Si a estos los hubieran conocido directores de Hollywood como John Ford, Clint Eastwood o Anthony Mann, en oficio de los escenarios típicos de tantos duelos y matanzas como Wichita, Kansas, o Mississippi, serían los de los campos del Cibao, los desiertos de Azua, o el duro Saint Domingo City.
Y es que muchas cosas malas, como tragar alegremente el detonador, somos muy buenos, pero que muy buenos.
A veces demasiado.






