Son muchas las mediciones que evidencia que nuestro país tiene registros afrentosos que nos sitúan en los últimos lugares entre los países de la región, y hasta del mundo, en cuanto a niveles de crecimiento humano, de calidad de vida y de la democracia, del respeto a derechos de las mujeres y de la comienzo, que ponen de manifiesto que la vigor de nuestra sociedad y de nuestro sistema político no es buena. Entre otros trabajos de investigación sobre estos y otros temas, el recién publicado estudio de la ordenamiento independiente Billete Ciudadanarecoge diversos indicadores sobre nuestros sistemas electoral y de partidos, que dicen que en estas cuestiones no vamos por buen camino.
En esencia, el referido estudio pone de manifiesto el problema de fondo de nuestro país: las taras que tienen nuestros sistemas de partidos y electoral que ponen en cuestión la caracterización de social y de derecho al Estado dominicano. Es ya prácticamente de sentido popular proponer que los partidos son los que construyen las instituciones fundamentales del Estado, entre otras, la Probidad, el Congreso, las Altas Cortes, las Cámaras de Cuentasen breve, solos o entre ellos, según sus particulares fuerzas, son los que hacen los gobiernos. Por consiguiente, según el llamado Índice de Democracia Electoral, las formas en que se logran las mayorías que forman esas instituciones deja mucho que desear. Por ejemplo, en los procesos electorales, nuestro país ocupa el penúltimo espacio en el indicador importación de votos.
Puede estudiar: Cómputo de cinco primaveras y objetividad
A casi una cuarta parte, 23.3%, de los electores se les ha ofrecido beneficios por su voto, primer espacio en la región en importación y cesión de votos. Hemos mejorado sutilmente en cuanto a irregularidades cometidas el día de las votaciones, pero seguimos en los puestos más bajos de la región en ese registro. En opacidad en las donaciones provenientes de fuentes privadas somos los primeros. Sin incautación, los “donantes” son perfectamente conocidos, “donan” su patrimonio a todos los partidos, máxime a los de mayores posibilidades de percibir. Luego, si es cierto que esas colectividades son las peores de la región en el indicador de importación de votos, por vía de consecuencia además lo son una parte importante de nuestros empresarios. Se produce, de ese modo un tóxico cóctel de corrupción compuesto por los sectores políticos, privados y comunidad, que desvirtúa la calidad de la representación y la décimo.
Esta circunstancia es sumamente peligrosa, porque cuando los partidos reciben financiación de la misma fuente, el financiador recibirá beneficios de cualquiera de ellos una vez lleguen al poder. Ese tipo de financiación elimina contenido de clase a las propuestas programáticas de esas colectividades, lo cual se agrava por otro negociador relativamente perfectamente encubierto: las campañas electorales las hacen especialistas que sirven a las organizaciones políticas, indistintamente de su orientación ideológica. No pocas veces un diestro le sirve indistintamente a un partido progresista, de centro o de derecha, porque lo que importa es el voto, no la idea. Eso estaría explicando el malogrado de contenido del discurso de campaña de la conjunto de los candidatos, de la pobreza del debate político y la tendencia con destino a pérdida de la identidad de las colectividades políticas.
De ahí la sostenida perdida del interés por lo sabido de la población y de su aspecto anti política que actualmente vacía de contenido a la democracia. En el caso concreto del país, la desconfianza que expresan la población dominicana con destino a los partidos, 21.7, es cuarta más entrada de la región, pero va en descenso, pues en el 2004 era de 31.2. Eso es consistente con la pérdida de solidez del sistema de partidos del país, un aberración no privativo de nuestro, y una expresión de la pérdida de confianza de estas organizaciones a nivel mundial que se expresa en una pérdida de confianza de la muchedumbre en la democracia como sistema que termina en indiferencia sobre el contenido del sistema: sólo interesa si “funciona”, independientemente de que sea o no una dictadura.
El estudio establece que “En 2025, el monto asignado por el Estado dominicano a cubrir los gastos habituales de los partidos es 2.4 (dólares) per cápitacorrespondiendo a RD 400.4 millones a cada uno de los tres mayoritarios. De cumplirse el 0.25% del ingreso franquista que la (ley)18-33 manda entregar anualmente, financiamiento sabido ascendería a 4.8 (dólar) por ciudadano dominicano, el anciano de la región a gran distancia del segundo”. Una brutalidad. Ese financiamiento es un estímulo al clientelismo político, al dispendio de bienes, al encarecimiento de la política. De igual modo, del estímulo de la inversión del patrimonio del narco en esa destreza no sólo para el enjalbegamiento de patrimonio, sino para garantizarse la impunidad bajo la sombra de una curul en el Congreso o en un puesto en un gobierno lugar.
Decía en mi entrega inicial, que “2 de cada 3 ciudadanos favorecen el reparto de empleos y contrataciones públicas entre amigos y familiares de los cargos políticos”, eso, unido a las referidas afrentosas primacías de nuestro sistema electoral y un sistema de partidos que se resiste al debate de ideas en un mundo en permanente cambio, constituyen los más importantes peligros que tiene nuestro país. No buscarlos donde no existen…






