Los dominicanos no debemos contentarnos con la democracia que tenemos. En retrospectiva, muy correctamente, hemos dejado la dictadura de Trujillo y el maniquí que algunos escritores han llamado la semidictadura de Joaquín Balaguer. Pero en perspectiva, es proponer, mirando los puntos de la montaña que ya debimos suceder pillado, somos, como afirma el profesor Cándido Mercedes, una democracia defectuosa. Nuestros grandes logros son, nadie puede negarlos, económicos. Pero no nos gloriemos en la distribución de esos grandes logros, porque cada día están más concentrados, casi encriptados. Tenemos muchos pobres, tenemos muchas familias que viven en condiciones que no hablan con la elocuencia orgullosa de 50 o 60 abriles de crecimiento financiero continuo. Pero es cierto, muy cierto, nadie puede desmentir el crecimiento financiero. Está frente a nuestros luceros, solo que si miramos para uno y otro lados del país, de inmediato nos daremos cuenta de que algunas cosas no han andado correctamente en todos estos abriles. Hoy vemos con más claridad los grandes aportes a la institucionalidad puestos en marcha en el período gubernativo 1978-82.
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Para el período próximo se ofreció la democracia económica, la que se entendía urgente. Hoy, en 2025, continuamos tras esa búsqueda. Nos faltan salarios adecuados que sintonicen con el continuo crecimiento registrado; la educación sigue a porción de camino, la sanidad no avanza, está entre las más famélicas de América Latina; déficits habitacionales, un sistema viario que replica con fidelidad las disonancias de la nación, el caos que llamamos tránsito vehicular; una agropecuaria con prácticas culturales estacionadas en el siglo pasado; una seguridad social a la que no sabemos qué nombre le pondremos, pero con una muy capaz inclinación financiera, y un etcétera. Nuestros líderes tienen, pues, muchas y duras tareas por delante. Tienen, en buen criollo, mucho trabajo, mucho qué hacer. La política como prueba de poder es más que una larga excursión de locuacidad o de citar y describir los problemas de una nación. Nos parece que la política que necesitamos es la de identificar los problemas y trabajar para solucionarlos. No podemos desmentir los logros de cada diligencia de Gobierno, ni los afanes de nuestros gobernantes, pero necesitamos hacer más, pasar más, ir con más prisa.







