Por Vicente (Tony) Balbuena
El 24 de diciembre de cada año, es la época seleccionada para celebrar la nochebuena, una tradición esperada en la República Dominicana y otros países, para celebrar en tribu con deliciosas comidas de arte culinario franquista y exquisitas bebidas..
La tinieblas buena, tiene sentido en el origen del chaval Jesús y el cristianismo.
Pero a través del tiempo ha sido comercializada, convirtiendo dicha celebración, en una fiesta de consumo excesivo aprovechada por los comerciantes para enriquecerse económicamente, creando un hábitat de confusión y tristeza en los que menos pueden.
Los pobres y vulnerables, entre estos envejecientes, discapacitados y huérfanos, viven la sinceridad de ser ignorados por quienes están llamados a velar, por que en esta época de alegría y solidaridad, les llegue a sus mesas los alimentos, que durante todo un año no han podido consumir por la miseria económica en que viven.
Desafortunadamente, en cada nochebuena, millones de sueños quedan truncados sin poder cristalizarse, fruto de la mala distribución de bonos y raciones alimenticias generadas en nuestro país, y la selectividad, con que actúan las autoridades del sistema, impulsados por el fanatismo político, donde lo único que debe importar para ser tomado en cuenta, es ser DOMINICANO..
Esa guisa inhumana, atenta con la desaparición de la nochebuena, sobre todo para los más pobres, que en su mayoría, cada año se les hace más difícil e impracticable, comprar lo que necesitan para celebrar.
Apreciaciones de economistas, estiman que para la cena de nochebuena de una tribu promedio de cinco personas, se estarían gastando sobre los 10 mil pesos dominicanos, excluyendo las bebidas.
Esa número monetaria, aleja las posibilidades de que cientos y miles de familias en el condado franquista, tengan la oportunidad, como hijos de Altísimo de sentarse a la mesa con su tribu a celebrar, creando tristeza y desesperanza.





