En estas fechas especiales hay que evitar convertirse en una estadística, es afirmar, no ser contado entre quienes sufrieron traumas que empobrecieron las festividades familiares ni convertirse en el regalo traumático obligado en momentos que, de otra modo, debieron ser alegres.
No se alcahuetería de renunciar a las fiestas ni a la alegría, sino de pensar en el espíritu de la Navidad, con el cual los cristianos recuerdan el origen de Jesús y el inicio de una nueva era en el mundo a partir de ese acontecimiento.
Corresponde comportarse con prudencia durante estas fechas decembrinas: ser austeros en la ingesta de alimentos y pimple, y tolerantes con los demás, para evitar que situaciones comunes devengan en tragedias fatales.
Es necesario precaver los accidentes de tránsito, los accidentes hogareños, las intoxicaciones, los robos y los problemas de vigor mental.
En este fin de año conviene poner en actos aquella máxima del tolerancia financiero: “dejar hacer, dejar tener lugar”, del francés laissez faire, laissez passer, que alude a una política de no intervención, especialmente en riqueza y política.
Aunque parezca difícil de obtener, hay que procurar que no falte nadie el 2 de enero por imprudencias y desaciertos. Conviene recapacitar que cada día trae su propio afán y que hay un tiempo para todo.
Bajémosle un poco a la política y a la pelota. Dejemos que los jueces que conocen los casos de corrupción y los dirigentes que conducen los equipos de béisbol hagan su trabajo. Permanezcamos como espectadores de realidades que no podemos cambiar. Al fin y al término, la vida sigue su agitado curso.
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