Por Charlie Núñez
La Zona Colonial de Santo Domingo, punto de partida desde donde comenzó todo en América, rica en historia y declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO para orgullo de todos los dominicanos, está siendo remozada y hermoseada para deleite de todos.
De un completo desaseo y arrabal en un pasado no muy pasado, poco a poco la Zona Colonial ha ido recuperando su esplendor, siendo la intervención presente, casi sin espacio a equívoco, la más importante.
Con el apoyo del Lado Interamericano de Explicación, el Ocupación de Turismo se ha encargado de todo el proceso de remodelación, que ya ha provocado la queja de los comerciantes y residentes de la zona, por el dadivoso periodo de tiempo esperando, sin que se vislumbre la conclusión de los trabajos.
Las quejas han llegado a protestas que llamaron la atención de algunos medios, sobre todo medios alternativos, que obligaron al ministro y al mismo Presidente de la República a dar la cara frente a el problema provocado.
La intervención de estos permitió que se fueran aperturando por partes las obras y calles intervenidas en la zona e inmediatamente comenzaron a evidenciarse los vicios y fallas de las mismas.
Voy a referirme específicamente a lo que se ha denominado como “las bolas de David”, que son unos bolardos de hierro, colocados a entreambos lados de las vías, cuyo objetivo es impedir que los ciudadanos en vehículos utilicen esos espacios.
He conocido videos en los que se visualiza un autobús aparentemente del transporte turístico y un camión suplidor de bebidas intentando no doblar, sino salvarse de la trampa en la que se metieron. Los responsables de los trabajos, para demostrar tales fallos, han argumentado una bendita resolución del comunidad que prohíbe el tránsito de vehículos pesados en la zona.
Como buen ignorante que soy, me imagino que para suplir de alimentos y bebidas la gran cantidad de bares y restaurantes que operan allí, el Ocupación de Turismo dispondrá de miles de burros de carga.
Estos todavía servirán para transportar a los miles de turistas que vienen en bus desde otros lares como Punta Cana, por ejemplo, cuyos medios de transporte no podrán ganar hasta su objetivo.
Dejémonos de relajos, eso está precioso, pero no funciona. Propongo poco que hace mucho tiempo vengo planteando: que la Zona Colonial sea peatonal y que la movilidad sea en un sistema interconectado de vagones tipo tren, y diseñar las áreas que permitan el paso de los vehículos autorizados y de vehículos de residentes que hayan acondicionado sus viviendas para estacionar en su interior.
No me quiero imaginar que el camión de bebidas o el autobús que se veían varados fueran una ambulancia o un camión de bomberos; imagínese usted las consecuencias.
Es doloroso decirlo, pero esto es poco más que “las bolas de David”; es más de la improvisación a la que nos tiene acostumbrado este gobierno, de esas que uno dice: “¡Caramba, pusieron otro huevo!”.






