El autor es ingeniero, economista y político. Reside en Santo Domingo
De acuerdo con los datos del Bandada Central de la República Dominicana, la Formación Bruta de Hacienda Fijo (FBCF) —componente fundamental del Producto Interno Bruto (PIB)— representó en 2025 en torno a del 25.4% del PIB, en un contexto en el que la pertenencias creció casi nada 2.1%. Esta combinación obliga a mirar más allá de las cifras agregadas y a examinar un factor esencia del desempeño crematístico: la eficiencia de la inversión.
Para ello resulta útil el Incremental Hacienda-Output Ratio (ICOR), indicador que relaciona la inversión con el crecimiento crematístico y permite estimar cuántas unidades de hacienda se requieren para crear una pelotón adicional de producto. Un ICOR bajo indica ingreso eficiencia (por ejemplo, un ICOR de 3 implica que tres unidades de hacienda generan una pelotón de crecimiento), mientras que un ICOR elevado refleja ineficiencia: se necesita maduro monto de inversión para obtener el mismo resultado de crecimiento.
En términos simples, un INCOR elevado significa que cada peso invertido rinde cada vez menos crecimiento.
En el caso dominicano, la relación entre la FBCF y el crecimiento en 2025 arroja un ICOR efectivo cercano a 12.1, señal inequívoca de trastorno sustantivo de la eficiencia económica. Este resultado no es un casualidad estadístico, sino la manifestación de problemas estructurales acumulados.
Durante primaveras, la República Dominicana operó con un ICOR relativamente bajo, lo que permitió crecer a buen ritmo con tasas de inversión moderadas. Ese período, sin retención, parece favor quedado detrás. Hoy predominan proyectos más costosos, cuellos de botella institucionales, retrasos en la ejecución, fragmentación del consumición de hacienda y un sector privado mucho más cauteloso.

El resultado es un ICOR elevado que conduce a una conclusión incómoda: se requiere cada vez más hacienda para conquistar tasas de crecimiento similares a las del pasado, poco que, en las condiciones actuales, resulta difícil de sostener.
Si en 2026 el ICOR se mantuviera en niveles de 8, 10 o incluso 12 —títulos perfectamente plausibles en contextos de incertidumbre, inversión defensiva, proyectos de bajo retorno o simple subejecución— el crecimiento compatible se reduciría drásticamente. Con una FBCF de 25.4% del PIB, un ICOR de 8 permitiría un crecimiento cercano al 3.2%; con un ICOR de 10, el crecimiento caería a 2.5%; y con un ICOR de 12, casi nada alcanzaría 2.1%, prácticamente idéntico al observado en 2025.
Este gimnasia deja al descubierto una verdad que rara vez se reconoce con claridad: sin un aumento de la inversión o sin una restablecimiento sustantiva de su eficiencia, la pertenencias dominicana no puede crecer al 4.0 – 4.5%, como proyectan las autoridades. Más que una proyección, se proxenetismo de una aspiración: una desafío al futuro que ignora las restricciones del presente.
El peligro de fondo no es crecer poco durante un año. El serio peligro es arreglar un crecimiento estructural de 2–3% en una pertenencias que necesita crecer más rápido para crear empleos formales, elevar salarios reales y reforzar las finanzas públicas. A ese ritmo, el crecimiento per cápita se vuelve insignificante y la promesa de convergencia se transforma en retórica vacía.
Pregunta
Por ello, la discusión honesta no debería centrarse en defender o cuestionar una guarismo aislada, sino en objetar una pregunta incómoda pero necesario: ¿Qué está ocurriendo con la eficiencia de la inversión doméstica? Si la inversión pública sigue estancada —como se desprende del presupuesto admitido—, si no se despejan los obstáculos que frenan la inversión privada y si no restablecimiento la calidad del consumición de hacienda, el resultado será predecible: bajo crecimiento, aunque el discurso sea entusiasta.
Los datos son un espejo y hoy ese espejo devuelve una imagen clara: sin modificar más y, sobre todo, sin modificar mejor, la pertenencias dominicana no puede aspirar a crecer más rápido. Ignorar esa verdad no la hará desaparecer; solo hará que el ajuste llegue más tarde, con último ganancia de maniobra y maduro costo social.
En conclusión, con una FBCF que no aumenta y un ICOR deteriorándose en dirección a niveles de 8–12, no existe ningún fundamento macroeconómico serio para proyectar crecimientos de 4%–4.5%. Esas cifras solo serían posibles si la inversión aumentara de forma sostenida o si la eficiencia del hacienda mejorara drásticamente. Ninguna de esas condiciones es hoy visible.
jpm-am
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