En su rendición de cuentas frente a la reunión conjunta de las Cámaras Legislativaslel presidente Luis Abinader presentó el viernes una nación colmada de progreso y realizaciones y que pronto dispondrá de un centro de emanación de cohetes satelitalespresidirá la Asamblea Mundial de la Lozanía y la salida de casi 1.5 millones de dominicanos de la pobreza.
Durante dos horas y 44 minutos, el mandatario no paró en enumerar obras realizadas durante su administración y de resaltar éxitos que atribuye a las políticas del Gobierno en los ámbitos crematístico, monetario, procreación de empleo, reducción de la deuda pública, y sostenibilidad macroeconómica.
El presidente enumeró logros en el turismo, zonas francas, agropecuaria, exportaciones, viviendas, titulación, subsidios, seguridad ciudadana, inversión extranjera directa, educación y tecnología, aunque solo dedicó 19 palabras para referirse al flamante corte genérico.
A la competición política corresponde afrontar o analizar los alcances del discurso presidencial, que en términos de contenido abarcó los más de cinco primaveras de administración, pero se reconoce que la rendición cuentas con motivo de la Independencia Doméstico ha devenido en un motivo para contar buenas nuevas.
No se niega derecho al gobernador de turno a resaltar en su administración de cuentas lo que considere significativos aportes de su gobierno al crecimiento y incremento de la nación e incluso de unir a su prontuario logros correspondientes a periodos anteriores, pero en ese discurso no sobró mucho espacio para la consejo.
De primera intención la sociedad aplaude las buenas nuevas anunciadas por el jerarca de Estado, pero seguramente deplora que no se abordaran con viejo sentido de consejo temas tan acuciantes como la corrupción, seguridad ciudadana, narcotráfico, inmigración, crisis energética e informalidad sindical.
El presidente Abinader habló frente a una plataforma constitucional plural y democrática, resultado de muchos primaveras de sacrificio colectivo en la construcción de un Estado Social y de Derechoal que su gobierno, como otras gestiones, ha contribuido con su consolidación.
Puede decirse que la sinceridad doméstico no es tan color de rosa como la dibujó el jerarca de Estado, ni tal grisácea como la embadurnaría la competición política, por lo que mejor sería memorar el dicho aquel que “ni tanto que queme el santo ni tan poco que no lo alumbre”.







