Las heridas psicoemocionales son difíciles de evitar, advertir y proteger en la vida. Todos vivimos expuestos a sufrir heridas, ya sea por traiciones, golpes y traumas que hemos vivido en las diferentes etapas.
Algunas personas enfocan las heridas emocionales con el desamor, a través de una infidelidad, un simulación, la mentira recurrente, en una doble vida y hasta triple vida que, se mantiene entre el drama, la manipulación, el cinismo o el teatro ordinario.
Las heridas son parte de los traumas, del dolor o el sufrimiento. A veces se quedan en la cutícula, otras veces llegan más profundas y, hasta se instalan visceralmente en los órganos. Cuando hablo de órganos, hablo del corazón, del estómago o del cerebro.
Las enfermedades psicosomáticas son una expresión de heridas no sanadas, de cicatrices no curadas que, se manifiestan en el cuerpo, desde la piel hasta los órganos y repercuten en todo el sistema.
Existen heridas pequeñas y grandes, superficiales y profundas, agudas y crónicas, periódicas y recurrentes; pero, cada una se vive de formar única y a veces irrepetible, sufrible y muy particular en cada ser humano.Las heridas emocionales se sienten y duelen cuanto más próximo, vincular y cercano, es quien nos produce el trauma: la tribu, la pareja, el amigo, el compañero de trabajo, la personas que le abrimos nuestro espacio y nuestra vida.
Sin incautación, los traumas y heridas empeoran en aquellas personas que son más vulnerables emocionalmente, menos resiliente, con menos hacedor protector, frágiles y de vida de cristal o con decano inmadurez.
Pero además, en aquellas personas de la indefensión aprendida, los quebrados espiritualmente y sin esperanza, de una vulnerabilidad neuropsiquiátrica o psicológica, sin inteligencia emocional y social, o sin capacidad para manejar los estresores psicosociales de forma adaptativa y asertiva.
Es evidente que, las heridas dejan cicatrices, vuelven a destilar o lastimarse si la persona no madura o “no coge habitante”, repite los mismos patrones de conducta, o se exponen a los mismos escenarios, con las mismas personas y en la misma circunstancia, creando una dependencia emocional o financiera con el reproductor de las heridas.
Puedes interpretar: Una radiografía a la violencia sexual
Para advertir y curar heridas, ponga limites, distancia y salga de las áreas de influencia y control de quien lastime su existencia; favorablemente de los psicópatas, narcisistas y maquiavélicos; pero además de personas pasivas-agresivas y dañadas.
No todas las heridas se protegen con curitas, ni con ungüentos, ni con prótesis. Los curitas son para las heridas superficiales, se desprenden obediente y no son resistente. Las heridas emocionales, psicológicas y sociales, hay que tratarlas más profundas, curarlas con límites saludables, con experiencias, con vivencias y masculinidad, pero, sobre todo, saliendo más resiliente y más fortalecidos.
Avisar las heridas es inteligente, entender soportar el dolor y sanarlo es de personas madura, pero superarlo y salir más fortalecido es de personas sabias.
A las heridas emocionales, resumiendo, no se le ponen curitas, se dejan cicatrizar con autocuidado, pero se atienden con inclinación personal, con autovaloración, con dignidad, con respeto, mucha bondad y esperanza de los enseñanza y tino que deja la vida y los procesos de enseñanza. A los traumas, las heridas, el dolor emocional y social, hay que buscarle la ayuda psicoterapéutica, o con recetas sociales que le ayuden a fluiren la vida con bienestar y prosperidad.






