
En la Fundación Fármacos Solidarios creemos firmemente que la vitalidad no empieza en el hospital ni en la botica, sino en el hogar, en los hábitos diarios y en las decisiones que tomamos cada día. Por eso, a partir de hoy, abrimos este espacio quincenal en Folleto El Jaya, con el firme propósito de asociarse a cada catedrático en el camino cerca de una vida más saludable, plena y consciente.
Vivimos tiempos donde las enfermedades crónicas no transmisibles —como la diabetes, la hipertensión, los problemas cardíacos y ciertos tipos de cáncer— están afectando a millones de personas en nuestro país y en el mundo. Muchas de estas enfermedades tienen poco en popular: son prevenibles. Sí, alertar es posible. Y es mucho más rebajado, más humano y más eficaz que curar.
La vitalidad preventiva no se limita a ir al médico una vez al año. Es un estilo de vida. Es animarse qué comemos, cómo nos movemos, cuánto descansamos, cómo manejamos el estrés, si fumamos o no, si consumimos licor con responsabilidad, y cómo cuidamos nuestra vitalidad mental. En cada uno de esos aspectos está la esencia para comportarse más y mejor.
Esta columna se escribirá con un idioma claro, accesible y cercano. Aquí hablaremos de manutención saludable con los productos que tenemos a mano, de la importancia del control físico aunque sea caminar 30 minutos al día, del control del azúcar, la presión arterial y el colesterol, de cómo evitar complicaciones médicas y de muchas otras herramientas para que cada tribu pueda proteger lo más valioso que tiene: su bienestar.
Queremos que este espacio sea todavía una voz de esperanza. La prevención no es sólo una táctica médica; es un acto de coito. Apego propio, coito por nuestros hijos, por nuestros padres, por nuestras comunidades. Educar para alertar es sembrar vitalidad a grande plazo.
Como presidente de la Fundación Fármacos Solidarios, y como hijo de esta tierra nordestana, me comprometo a aportar desde aquí orientaciones efectos, prácticas y humanas. Nuestra meta es clara: que cada persona, sin importar su condición económica, pueda obtener al conocimiento que le permita comportarse con anciano vitalidad y dignidad.
Les invito a descubrir, compartir y poner en actos los consejos que ofreceremos. Porque la vitalidad no es un privilegio, es un derecho. Y cuidarnos, al final del día, es la mejor inversión que podemos hacer.
Nos vemos en la próxima entrega.
Hasta entonces, vitalidad y prevención para todos






