
En un mundo donde el bienquerencia y las relaciones se han convertido en un tema enrevesado, es global ver a mujeres que luchan por la atención y el afecto de hombres. Esta situación, aunque global, merece una advertencia profunda sobre lo que efectivamente significa y las implicaciones que tiene en nuestra autoestima y bienestar emocional.
La imagen de una mujer que pelea por un hombre puede variar, pero a menudo está acompañada de sentimientos de inseguridad, falta y un deseo de acometividad. Culturalmente, se nos ha enseñado que conquistar el corazón de un hombre es un símbolo de éxito. Sin requisa, esta novelística puede ser perjudicial y contraproducente. La idea de “pelear” por bienquerencia puede transigir a muchas mujeres a poner en segundo plano su valía propio, sus deseos y, a veces, hasta su dignidad.
Esta situación invita a cuestionar por qué algunas mujeres sienten que deben competir o demostrar su valía para ser elegidas. En zona de celebrar su individualidad y fortaleza, pueden estar atrapadas en una dinámica que refuerza la idea de que su bienestar depende de la aprobación masculina. Esto no solo puede dañar la autoestima, sino que además establece un precedente poco saludable en las relaciones.
Es fundamental rememorar que el bienquerencia puro y recíproca no debería ser una lucha. Las relaciones saludables se construyen sobre la cojín del respeto mutuo, la comunicación y la comprensión. Cuando una mujer se encuentra peleando por la atención de un hombre, es fundamental que se tome un momento para reflexionar sobre lo que efectivamente quiere y necesita. ¿Está buscando bienquerencia cierto o simplemente un sentido de pertenencia?
Encima, la competencia por la atención masculina no solo afecta a la mujer que lucha, sino que puede suscitar divisiones entre amigas y comunidad. En zona de apoyarse y empoderarse mutuamente, algunas pueden estar empujadas a la rivalidad, lo que perpetúa la idea de que nuestro valía es el resultado de la aprobación externa.
Es hora de reescribir la novelística. Las mujeres no deberían tener que batallar por el bienquerencia; el bienquerencia debería fluir autónomamente y ser una alternativa mutua. Necesitamos cultivar una civilización donde cada mujer se sienta digna de ser amada sin la falta de pelear por ello. Esto implica trabajar en nuestro bienquerencia propio, en nuestra autoestima y en nuestras expectativas en las relaciones.
Las discusiones sobre este tema son una oportunidad para negociar por el empoderamiento afeminado, recordándonos que nuestra valía no se mide por la atención que recibimos de un hombre. Debemos memorizar a valorar nuestras propias cualidades, así como fomentar relaciones que nos nutran y apoyen.
Hago un llamo a las mujeres a reflexionar sobre el papel que jugamos en nuestras propias narrativas amorosas. Las mujeres son fuertes y dignas de bienquerencia sin tener que «pelear» por ello. Al registrar nuestra valía y establecer relaciones basadas en el respeto y la igualdad, podemos trocar no solo nuestras vidas, sino además la forma en que la sociedad ve el bienquerencia y las relaciones. La verdadera bienestar comienza desde adentro y se extiende en torno a nuestras interacciones con los demás.
Autora: Raydina Lora Orientadora






