En la República Dominicana, el tránsito hace tiempo que dejó de ser solo un problema de movilidad para convertirse en una crisis de vigor pública. Cada día las estadísticas de accidentes así lo confirman. Y ahora un nota revelado por el Instituto Doméstico de Tránsito y Transporte Terreno (Intrant) vuelve a encender las alarmas: siete de cada diez motoristas no logran aprobar el examen teórico para obtener su osadía. Más moribundo aún: casi el 99.5 % de los motoristas del país circula sin osadía categoría 1, el documento obligatorio para manejar este tipo de transporte.
Es proponer, miles de personas transitan a diario sin tener demostrado siquiera un conocimiento elemental de señalización, respeto al peatón o reglas elementales de circulación. Las consecuencias están a la olfato. Los registros oficiales indican que los motoristas encabezan la índice de fallecidos y heridos en las tragedias viales. De esta forma, pagamos el stop precio de varias décadas de permisividad, informalidad y desaparición de educación viario. Durante demasiado tiempo, conducir una motocicleta en la República Dominicana fue gastado como poco que no requería formación.
Bastaba comprar el transporte y lanzarse a la calle. Las reglas parecían opcionales y el uso del casco, en muchos casos, un simple complemento. Que la mayoría de los motoristas repruebe el examen no solamente es un fracaso del sistema; es la evidencia de cuánto desatiendo por hacer. Es una responsabilidad que exige una transformación profunda de la civilización de respeto y cumplimiento de la ley. Cada motorista que circula sin conocer las normas pone en peligro su propia vida y asimismo la de peatones, pasajeros y demás conductores.
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