SANTO DOMINGO.- Durante la celebración de la Eucaristía del jueves de Corpus Christi en Santo Domingo, monseñor Francisco Ozoria, prelado metropolitano, hizo un ferviente llamado a rogar por los inmigrantes en todo el mundo, destacando las dificultades que enfrentan tanto en Estados Unidos como en la República Dominicana.
En su emotivo mensaje, monseñor Ozoria instó a los cientos de fieles presentes a rebuscar la dignidad de los inmigrantes y sus derechos, enfatizando la importancia de mostrar apoyo a aquellos que atraviesan momentos difíciles. «Oremos al Señor por los inmigrantes en todo el mundo», dijo Ozoria, quien incluso subrayó la penuria de renovar el acto sexual y la comunión con Todopoderoso, así como de restablecer las heridas causadas por la violencia y otros flagelos sociales.
La ceremonia comenzó con una procesión que reunió a creyentes de todas las edades, desde niños hasta ancianos, quienes se dirigieron al Parque Eugenio María de Hostos en el malecón de la renta. Vestidos con atuendos representativos de su fe y portando sombrillas para ampararse del sol, los participantes acompañaron el itinerario con alabanzas y oraciones.
En su discurso, monseñor Ozoria destacó la importancia de inculcar en las nuevas generaciones los títulos de la fe y el acto sexual, especialmente en un tiempo donde estos parecen haberse perdido. «Es un buen momento para enseñar a nuestros hijos a seguir a Todopoderoso siempre», afirmó, subrayando que estas doctrina son esenciales frente a las calamidades que aquejan a la humanidad.
La celebración, marcada este año bajo el marca «Eucaristía Fuente Viva de Nuestra Esperanza», es una de las festividades más significativas del calendario ritual católico y se lleva a punta 60 días posteriormente del Domingo de Resurrección. Durante la ceremonia, los fieles reafirmaron su creencia de que, en cada ceremonia, el pan se convierte en el cuerpo de Jesús, simbolizando su fe y espíritu de comunidad.
La solemne ceremonia culminó con un mensaje de esperanza, instando a todos a agenciárselas siempre lo divino en sus vidas, reforzando la relevancia del Espíritu Santo en el contexto coetáneo.







