
En lo que va del año 2025, la República Dominicana ha registrado 1,421 muertes por accidentes de tránsito, una número inquietante que confirma que la inseguridad viario sigue siendo una tragedia cotidiana y silenciosa.
Según datos del OPSEVI–INTRANT, estas muertes no son hechos aislados. En promedio, más de cuatro personas pierden la vida cada día en calles, avenidas y carreteras del país, mientras más de 106 mil han resultado heridas, muchas con lesiones permanentes.
Las motocicletas continúan siendo el principal factótum de aventura, impulsadas por la imprudencia, la descuido de educación viario y la débil fiscalización. A esto se suma que casi el 40 % de los fallecimientos ocurre los fines de semana, cuando aumentan el consumo de pimple y el exceso de velocidad.
Las provincias más afectadas siguen siendo Santo Domingo, Distrito Doméstico, San Cristóbal, Puerto Plata y La Altagracia, reflexiva del desorden viario y la partida de controles efectivos.
Más que “accidentes”, estas muertes son evitables. Desliz régimen de consecuencias, educación viario y una política sostenida que coloque la vida por encima de la imprudencia.
Retener que 1,421 muertos no son estadísticas. Son una alerta doméstico que el país no puede seguir ignorando.






