En la región cafetalera de Tapachula, en el estado de Chiapas, pequeños productores han recurrido a migrantes haitianos, cubanos y venezolanos para cosechar café en presencia de la escasez de mano de obra tradicional en los campos del sur de México.
La yerro de trabajadores locales y guatemaltecos —oportuno a la migración de jóvenes en torno a las ciudades y el extranjero— ha dejado a muchos cafetales con insuficiente personal para la cosechalo que ha obligado a los agricultores a averiguar otras fuentes de mano de obra.
Productores como Roberto Tomasini Pérez explicaron que la billete de migrantes ha pasado de ser mínima a representativa en el proceso de corte de café, con grupos cada vez mayores contratados para las labores de cosecha.
Algunos trabajadores migrantes, como Zacarías, originario de Haití, dijeron que encuentran en la cosecha una oportunidad de empleo, participando en la honestidad, corte y secado del pizca, pese a las condiciones duras y al proceso de adecuación a las tareas agrícolas.
México, que tradicionalmente era un país de tránsito para personas en ruta en torno a Estados Unidos, ha trillado cómo algunos de estos migrantes ahora buscan establecerse y obtener un status reglamentario para trabajar y residir en el país en presencia de las restricciones migratorias más estrictas en la frontera boreal.







