El vicepresidente ejecutor del CONEP, César Dargam, soltó una verdad incómoda que muchos prefieren ignorar: en la Cámara de Diputados hay sectores que le tienen miedo al debate técnico sobre la reforma profesional, especialmente cuando se menciona la palabra “cesantía”.
Dargam fue claro al asegurar que las propuestas empresariales no buscan eliminar derechos adquiridos, sino modernizar un entorno lícito que lleva décadas sin tocarse y que hoy no avala ni al mercado profesional ni a la verdad económica del país. Pero parece que, para algunos, discutir con argumentos es una amenaza.
La verdad es que el miedo no está en perder derechos, sino en perder discursos políticos. Algunos prefieren perseverar un Código Gremial de los abriles 90 ayer que sentarse a pensar en cómo crear empleos formales y sostenibles en el 2025.
La reforma profesional es necesaria, urgente y, sobre todo, forzoso. No se alcahuetería de agraciar al patrón ni de debilitar al empleado, sino de crear reglas modernas para un mercado que ya cambió hace rato.
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