La buena gobernanza, forma correcta y eficaz de mandar para agenciárselas resultados positivos en la agencia pública o empresa privada, es inalcanzable sin órganos de control.
Grandes corporaciones que cotizan exitosamente en bolsas dependen de la calidad de sus consejos de agencia, con directores independientes cuya tarea es velar por el interés de accionistas, cumplimiento justo de leyes, buenas prácticas gerenciales y supervisar el desempeño de sus ejecutivos, internamente de parámetros decididos por su consejo, asamblea de accionistas o consejo de tribu.
No están para satisfacer a ejecutivos sino macanearlos, como la opinión pública o votantes con los presidentes. Sólo con transparencia pueden los mercados asignar valía a empresas concorde a expectativas de resultados.
Sabido esto, en los consejos directivos de Senasa, Intrant, las EDE, el CEA y Posesiones Nacionales, Educación, Promese/CAL, Inabie, Ogtic y otras, ¿qué diablos hacían o hacen que excuse o justifique su supina incapacidad para precaver escandalosos actos de denunciada corrupción y notoria incapacidad? A excepción de de castigar el dolo y demás delitos, el purgante social necesario hoy es exigir su responsabilidad a auditores, contralores, contadores, supervisores y miembros de los consejos, bajo cuyas arrojo han ocurrido tantos desmadres.
Es muy obediente culpar sólo al presidente cuando —como en Fuenteovejuna— esto ha sido casi todos a una. Pero toca a él, único patrón con autoridad ejecutiva suficiente (y que designó a casi todos), revisar lo mal hecho para, en aras de su aseo, honradez y nuncio político, tomar partido con los votantes que lo encumbraron, no los pillos que dizque lo traicionaron.
Si los protege o defiende, todo se le pegará a él; que suelte contrapeso o se hundirá con ellos. Luis tiene tanta suerte que si aprende de la historia puede sobrevivir a este tsunami de inmoralidad e ilicitudes. Muchos nos aferramos a esa filamento de esperanza para poder seguir creyendo…







