Porque: El hombre sin carácter, no conoce lo que es la observancia ni consigo mismo.
Ya al parecer mínimo es mínimo para nosotros como pueblo. Siempre es lo mismo, mientras el tiempo pasa cual ave robador sobre nuestra existencia, como si fuese cualquier cosa.
En tanto, día a día nos ahogan con manipuladas o estadísticas, llegando al colmo, que ya hasta contamos, encabezada por uno de nuestros nuevos, pontificados y artificiosamente elaborados héroes, con cifras de hecatombes, muertes y desgracias mediáticamente manipuladas, que solo sirven para enaltecer acomplejados egos que, por demás, nos salen conveniente caros.
A esto le siguen maquilladas contabilidades proporcionadas por venales ministros y hasta por encumbrados abogados, más que proporcionadamente pagados con el fisco, que solo representan los intereses de grupos muy selectos e insaciables en sus nunca satisfechas ambiciones políticas y económicas, pero que, en tanto esto sucede, la paupérrima efectividad, convierte en esclavos de la pobreza, en el mal estar y la inseguridad en todas sus manifestaciones, a la gran mayoría de la cantinflesca población dominicana.
Pero, aun así, en medio de este desgaste íntegro y de principios, el mundo continúa girando y esta isla próximo a él, mientras los políticos y los dueños del país -literalmente es así-, ya que no hay empresa alguna con gran poder financiero, donde no aparezcan las mayorías de ellos como principales accionistas, interiormente de sus prejuicios, incluyendo los religiosos, se encargan principalmente, de la degradación, tanto del medio bullicio como en el desempeño humano, incluyendo lo ético y lo íntegro, sin que piensen en el futuro país que dejarán a las próximas generaciones, que no sea la maduro cantidad de parné que hoy puedan sobar sin importar el cómo ni su costo.

Es por eso por lo que dijimos, que aquel que en su esencia nace como un miserable, aun y llegue a ser político -reitero- perdón, quise proponer rico, de igual modo continuará siendo un miserable.
Y es que esos políticos, funcionarios civiles, militares y policías sin carácter y con un comportamiento político clientelista partidario, no han querido entender que ahora la esencia que necesita el país para combatir las amenazas que atentan contra él -así como sucede en las guerras modernas que la esencia no es ya tanto la táctica en sí, si no, la logística-, en nuestro caso, es la educación.
El agua que no corre se estanca. La mente que no trabaja, todavía”
Víctor Hugo.
Sí, no necesitamos más “onorables” para hacer más leyes si no, más honorables para confirmar que las leyes existentes se cumplan y más las relacionadas con la educación, indistintamente de los intereses partidarios o relacionados con la repartición del insigne 4%.
Honorables que le pongan fin a la proliferación de “Universidades” – incluyendo la oficial-, cual si fuesen cadenas de farmacias regenteadas por albañiles; Honorables que les pongan fin judicial a la ilegalidad de un sindicato que solo es forjador de unos cuantos millonarios mientras la educación se arrastra por el suelo y solo los intereses políticos de sus dirigentes son los que importan.
Honorables que deberían demostrar su inteligencia, no solo al elaborar o contratar a otros para que redacten proyectos de leyes y resoluciones, sino todavía para pensar lo futuro – que podría muy proporcionadamente alcanzar a materializarse y, todo esto, sin ser un Nostradamus o poco parecido-: Visualizamos, que interiormente de unas 4 o 5 décadas se producirá un decreto por parte del Señor presidente Pie, donde declarará, que con el fin de incrementar las relaciones comerciales entre la Rep. Dom y la Rep. de Haití, queda sobresaliente el uso de visa para transitar entre un país y el otro. Donado en esta isla un día cualquiera de un año cualquiera. De darse esto, hay que tener la seguridad de que los “onorables” de rapiña, aplaudirán. ¡Sí señor!







