El nuevo paso del huracán Melissa por nuestro país visibiliza las grandes desigualdades existentes y la vulnerabilidad en que vive gran parte de nuestra población.
Para los estratos medios y medio-altos el paso del huracán algunas veces es un espectáculo. Esperar su paso desde sus viviendas con el temor de si al inversor se le acaba la fila o no conseguir gasolina para la planta si se va la energía eléctrica o el tinaco-cisterna se vacía, es su preocupación principal. Se llenan los supermercados y comercios de personas comprando muchas veces artículos comestibles equivalente a una negocio de un mes, para un engendro que afectó algunos días.
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En el otro costado, los grupos más pobres y vulnerables tienen miedo de dejar la vivienda aun cuando está fabricada en madera y zinc o con material desechable y yaguaporque estas tienden a ser fruto de la autoconstrucción y del esfuerzo propio. Igualmente, los pocos enseres que existan en la vivienda, colchones, anafes, sillas, estufas o neveras, todas ellas compradas usadas, cogiendo “fiao”, o financiadas en las mismas tiendas. No pueden darse el postín de hacer grandes compras. Saben que el colmado no cierra y se abastecen en el día a día con un “fiao”, pagando con lo que apareció o se consiguió luego de más de 10 horas de viaje.
Miles de familias se refugiaron en los albergues. Durmieron en el amontonamiento con muchas otras familias y sometiendo sus hijas y mujeres a riesgos de acoso y atropello sexual, como ha ocurrido en múltiples ocasiones. Solo pueden admitir alguna ropa, medicinas y documentos, el resto de su esfuerzo de muchos primaveras se queda en sus viviendas con el peligro de que el río o la cañada se desborde, o se produzca algún derrumbe y se lo lleve todo y así pierdan lo poco que han acabado acumular en muchos primaveras de trabajo.
Residir en el peligro de expirar en cualquier momento no es una selección de la población en condiciones de pobreza y pobreza extrema, es su única alternativa porque no cuentan con ingresos suficientes para remunerar alquileres en lugares más seguros. Convenir esta existencia supone entender que se necesitan cambios significativos en la distribución de la riqueza en nuestra sociedad.
El entrenamiento ciudadano supone hacer conciencia de nuestra responsabilidad individual frente a la pobreza y la desigualdad social. El derroche y el parada consumo acentúan las desigualdades y generan brechas entre los grupos humanos. Se puede aportar desde lo micro a la equidad con pagos de salarios justos, disminución de patrones de consumo y cambios en nuestro estilo de vida.






