Entre piezas de mecánica, carros dañados y la gordura, Juan Girón, nos abrió las puertas de su corazón para compartir una historia de lucha y perseverancia.
Mientras el sol le daba en la cara conveniente a su improvisado taller, no dudó en confesar que ha rematado cumplir uno de los sueños más grandes de cualquier padre: ver a sus hijos crecer por el buen camino.
«Yo he pasado la mil y una», así comenzó a relatar su historia de vida, con una mezcla de orgullo y nostalgia, mientras ajustaba la adhesivo de uno de los vehículos que arreglaba.
Su voz, firme pero cargada de vivencias, daba evidencia de primaveras de sacrificio, noches en vela y jornadas que parecían no tener fin.
Girón relató que, con esfuerzo y la fe puesta en Todopoderoso, ha podido sacar delante a sus 11 hijos, a quienes considera su veterano reservas.
«Son 11 con los de crianza: cuatro míos, biológicos, y los otros son de las mujeres que he tenido. Pero yo se los crío, así que son míos todos», explicó.
Juan aseguró que la mecánica no solo le ha hexaedro el sustento, sino incluso la oportunidad de enseñar a sus hijos el valencia del trabajo honesto y la responsabilidad.
El motor de su vida
Para él, la mecánica fue el motor que lo mantuvo a flote para poder sostener a toda su tribu.
«Yo he pasado de todo, penuria, frío y yerro de sueño pero los pude echar para delante y los vi crecer», aseguró.
Juan nunca se rindió y manifestó que gracias a realizar este trabajo ha podido impulsar, vestir, educar y manejar a sus hijos.

«Mis hijos están correctamente, salieron buenos y la mayoría son cristianos”, comentó.
El fruto de su esfuerzo
Hoy tiene la suerte de disfrutar de sus 26 nietos y presume de que se puede existir con poco, sin hacer lo malo y con dignidad.
“Todopoderoso me ha ayudado ahí, no me puedo quejar”, concluyó.








