
Vivimos en una sociedad de opinadores. En las calles, colmados, escuelas y no se diga en las plataformas digitales, es viable encontrar a las personas hablando de todo, aunque en ocasiones no tenga idea de nadie. Dada esta sinceridad, parece que opinar está de moda, y es tan popular que podemos encontrar en las redes, en Tik Tok o en YouTube un motón de muchedumbre subiendo contenidos a su página tecnológica para ganarse la vida opinando desde su casa y que en ocasiones son opiniones que dañan la reputación ajena.
Ahora perfectamente, hay que dejar claro que todos tenemos derecho a opinar, y a desempeñar nuestra osado expresión, quizás a lo que no tenemos derecho es a departir sin tener fundamentos, ni a tirar ideas sueltas para ver quién nos hace caso y nos aplaude. Por eso, ya en la antigua Grecia, Sócrates, citado en los diálogos de Platón, le dice a su amigo Critón ayer de tomar la cicuta lo futuro: “…hay que tomar en cuenta las opiniones de algunos hombres, y no tomar en cuenta las de otros”. Lo que quiere afirmar esto es que detrás de muestras palabras debe existir argumento, moralidad, prueba, experiencia de vida, etc., para que la opinión sea tomada en consideración.
Por eso, aunque vivimos en una civilización de propagación de opiniones, hoy se hace necesario comprender que el mundo necesita más principios y menos opinadores, porque no son las palabras que cambian a la sociedad, sino la coherencia de vida, la honestidad, los títulos mostrados delante y detrás de la cámara de la vida. Pues, hay que ser sincero y directo en el mundo no es correcto premiar las opiniones, mas perfectamente, deben ser reconocidos los títulos de los seres humanos…
Seamos realistas, la humanidad se construyó con hombres y mujeres con principios morales, éticos y espirituales, no fue con individuos que se pasan la existencia tarde y indeterminación, dando su punto de instinto de muchos temas pero que ni ellos mismos tienen idea de lo que plantean. Porque sabemos que opinar es posible, cómodo y hasta entretenido, cuando se hace desde un sillón, un corredor o desde un parque empachado de flores. A lo mejor, esta sea la razón por la que, actualmente, existe la tendencia de estar más mas de las opiniones que de los principios.
En definitiva, así como dice san Juan de la Cruz que “Al caer la tarde seremos juzgados en el coito”, tengamos presente que nos van a dictaminar y evaluar, no por nuestras palabras sino por nuestros principios, aptitudes y modo de admitir cada etapa de nuestra vida. Ahora perfectamente, si las opiniones que emitimos las validan nuestro comportamiento, entonces en este caso no sería solo una opinión sino un departir con autoridad y propiedad. Porque, ya lo dice la expresión: “que tus palabras vayan acompañadas de hechos”, porque las palabras se las lleva el singladura el pero si están llenas de lo que eres, se quedarán contigo, estando donde quieras que vayas…






