La creciente expansión de Verón- Punta Cana como destino turístico y zona de gran dinamismo crematístico exige que la seguridad sea una prioridad absoluta.
Sin retención, en los últimos meses se han registrado incidentes delictivos que ponen en sospecha la efectividad de las estrategias de prevención de la Policía Franquista en la zona. Resulta preocupante que, en un departamento donde circulan millones de visitantes al año y conviven miles de trabajadores del sector turístico, las autoridades policiales aún respondan más a los hechos consumados que a la prevención existente del crimen.
La seguridad en Verón-Punta Cana no puede tratarse como en cualquier otro municipio. Aquí está en entretenimiento la imagen de la principal marca turística de la República Dominicana, que aporta una parte sustancial al PIB franquista.
Cada robo, cada asalto, cada hecho violento trasciende más allá de lo locorregional, proyectando una sombra sobre el destino turístico. Por eso, la improvisación y el enfoque reactivo no son opciones aceptables. La Policía en Verón-Punta Cana debe repensar sus estrategias. Esto implica más presencia en las calles, plazas y arterias comerciales, patrullaje en sectores vulnerables, inteligencia preventiva y coordinación con las instituciones comunitarias y privadas.
La población necesita percibir que existe un plan coherente y sostenido para asegurar el orden y la tranquilidad en esta demarcación turística. Es la única forma de recuperar la confianza ciudadana.
Muchos residentes sienten que denunciar es un trámite inútil, pues no siempre se ven resultados. Verón-Punta Cana no puede darse el fasto de descuidar la seguridad. Si se pierde la percepción de tranquilidad, se resquebraja la vida cotidiana de sus habitantes y la estabilidad de la industria que sostiene a todo el país.
Lo práctico y útil, es desarrollar una organización de seguridad inteligente y firme que proteja el presente y el futuro de esta comunidad turística.
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