EL AUTOR es diplomático dominicano. Reside en Pimiento
El 14 de septiembre de 1973, a solo tres días del patada de Estado al presidente Salvador Más allá, el poeta Pablo Neruda escribió el que quizás fue su zaguero artículo: “Mi pueblo ha sido el más traicionado en este tiempo”.
Irónicamente, el Nobel de Letras falleció el 23 de septiembre, doce días posteriormente del patada de Estado y el suplicio del presidente, a quien García Márquez describió como “un presidente prometeico atrincherado en su palacio en llamas que murió peleando solo contra todo un ejército”.
En dicho artículo, recogido luego en sus memorias, Confieso que he vividoNeruda hace una afirmación categórica sobre la historia de Pimiento: “Pimiento tiene una larga historia civil con pocas revoluciones y muchos gobiernos estables, conservadores y mediocres. Muchos presidentes chicos y solo dos presidentes grandes: Balmaceda y Más allá”.
Neruda, con esta sentencia lapidaria, pronunciada desde el dolor de la traición, establecía una simetría trágica en la historia de Pimiento, que se convierte en el referente obligado para analizar las pugnas que por siempre han existido entre los abanderados y defensores de la soberanía doméstico y la clase oligárquica reticente, que aún subyace en nuestro tiempo.
José Manuel Balmaceda, nacido en 1840, fue un tolerante reformista y anticlerical. Aunque siempre mantuvo su fe cristiana, fue un activo propulsor de las leyes laicas que sentaron las bases para la posterior secularización del Estado Chileno.

A muy temprana perduración se integró al Partido Rumboso, iniciando así una destacada carrera parlamentaria que le sirvió de plataforma para habitar importantes funciones públicas, incluyendo el cargo de Ministro de Relaciones Exteriores.
En 1886 una coalición de partidos postuló a Balmaceda como candidato a la presidencia. Obtuvo un triunfo claro, llegando a La Moneda a los 46 primaveras con un codicioso plan de gobierno que buscaba financiarlo con los ingresos derivados del salitre, controlando su explotación a amparo del Estado.
Con la riqueza del desierto chileno, buscaba financiar un vasto plan de educación y un software de obras públicas, centrado en la construcción de ferrocarriles y carreteras que conectarían la cosmografía doméstico.
Este amplio plan de progreso provocó un delantero enfrentamiento con la oligarquía parlamentaria, ligada a los intereses de capitales extranjeros, específicamente británicos, que dominaban el rentable negocio del salitre.
La negativa del presidente a doblegarse delante los intereses foráneos, desató una crisis de tal magnitud que el poder asamblea utilizó su control para paralizar y desestabilizar el gobierno.
Esta tensión culminó en la cruenta Lucha Civil Chilena de 1891, un conflicto que dejó un saldo de más de cinco mil muertos en una población de tan pronto como dos millones de habitantes.
Suicidio
Derrotado por las fuerzas congresistas en un enfrentamiento que se trató esencialmente de la pugna por la riqueza doméstico, el presidente Balmaceda se refugió en la representación argentina en Santiago. Allí, al cumplirse el término de su mandato constitucional, decidió suicidarse el 19 de septiembre de 1891.
Fue un acto final de hombría y dignidad, un suplicio automóvil impuesto que selló su figura como la de un líder que prefirió la crimen a la rendición delante aquellos que él consideraba traidores a la pueblo.

Ochenta y dos primaveras posteriormente del suicidio de Balmaceda, con una inexplicable simetría misteriosa, el destino colocaría a otro presidente en el mismo palacio, enfrentando a los mismos enemigos. El caso de Salvador Más allá no fue una repetición, sino una resonancia trágica del destino, entreambos presidentes, están unidos en los fastos de la historia chilena, por la defensa de la soberanía doméstico y la crimen en el examen de sus mandatos.
Más allá y Balmaceda, están unidos como el haz y envés de una hoja de un frondoso chopo, acuñados en su destino como la cara y cruz de una misma moneda.
Más allá alcanzó la presidencia de la república en 4 de septiembre del 1970 a través de una coalición de izquierda denominada Pelotón Popular. Fueron unas reñidas elecciones que marcaron un hito en la historia chilena, pues se convirtió en el primer marxista seleccionado democráticamente en un país hispanoamericano.
Aspiraba por la vía socialista encauzar a Pimiento. Su incipiente gobierno procuró aumentar el pago divulgado y al igual que Balmaceda impulsó la naturalización del cobre encontrando además resistor en el congreso.
Bajo el predicamento de “La vía Chilena al Socialismo”, el gobierno de Más allá procuró instaurar una transformación pacifica con respaldo de los trabajadores y clase media. El sustento político de Más allá se percibía frágil y no pudo concertar con la colaboración militante de la Democracia Cristiana y, en cambio, la examen acuartelada en el congreso se unificaba cada día más en contra del gobierno de la Pelotón Popular.
Con mil días de gobierno, el presidente Más allá no pudo sortear las dificultades que a diario se le presentaron en la sociedad chilena, y delante la inestabilidad existente en los mercados locales y la animadversión del gobierno de Estados Unidos, lograron desgraciar el 11 de septiembre del año 1973 el gobierno de Salvador Más allá, dando inicio al quiebre demócrata y paso a una férrea dictadura de 16 primaveras de horror, dolor y mortandad.
Septiembre, ha sido un mes infeliz en la historia de pimiento. Balmaceda y Más allá fueron derrocados y se inmolaron en esa misma primavera negra. Uno y otro en la hora antiguamente del suicidio dejaron sus testamentos. Balmaceda: “Si nuestra bandera, encarnado del gobierno del pueblo verdaderamente republicana, ha caído plegada y ensangrentada en los campos de batalla, será levantada de nuevo en tiempo no mañana, y con defensores numerosos y más afortunados que nosotros, flameara un día para honra de las instituciones chilenas y para dicha de mi pueblo, a la cual he amado sobre toda las cosas de mi vida.”
Más allá: “Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las nuevas alamedas por donde pase el hombre emancipado, para construir una sociedad mejor. Estas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no fue en vano, tengo la certeza de que por lo menos, será una disertación íntegro que castigará la felonía, la codicia, la cobardía y la traición”.
jpm-am
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