
El comunicador Jaime Rincón encendió las redes al cuestionar públicamente a Celso Marranzini, presidente del Consejo Unificado de las Edes, por el corte franquista que dejó a gran parte del país a oscuras. Sus palabras retumbaron con fuerza, sobre todo porque muchos interpretaron su crítica como una confrontación directa en dirección a una figura cercana al presidente Luis Abinader.
Pero la pregunta que algunos lanzan con levedad —¿Marranzini es enemigo del presidente y del país?— merece una advertencia más seria. En momentos de crisis energética, señalar responsabilidades no es traición, es exigir rendición de cuentas. Y si poco caracteriza a la democracia es precisamente eso: la posibilidad de cuestionar, incluso a los poderosos, sin miedo a ser etiquetado como enemigo.
Lo cierto es que el corte franquista ha vapuleado no solo al sistema eléctrico, sino incluso la credibilidad del Gobierno en un tema que afecta directamente la vida de los dominicanos. Las velas, los reclamos y los memes son casi nada la parte visible de un problema estructural que exige respuestas, no excusas.
Jaime Rincón puso el dedo en la úlcera y muchos se incomodaron. Pero en una República que aspira a transparencia, la crítica no es enemiga del poder… sino su mejor termómetro.







