Nuestros campesinos tenían por costumbre tildar «marranos» a los cerdos, un término que viene del latín y del árabe hispánico. En los siglos cercanos al descubrimiento de América, probablemente eran llamados marranos los judíos renegados a ser convertidos al catolicismo.
En Esaú, un manual que escribí abriles antes, planteé que pensadores judíos de siglos pasados se inclinaron al irreligiosidad, a la carencia del Todopoderoso judeocristianoy más recientemente, lo que parece una moda entre algunos intelectuales: «el dios de Spinoza», como forma de autodefensa.
Meses antes escribí en esta misma columna, que no me parece aceptable la idea de que una persona que, desde pibe, por motivos familiares o personales, se inclina a rehusar la doctrina cristiana esté mentalmente disponible de preconcepciones para responsabilizarse con neutralidad ética y emocional el tema de la existencia de Todopoderoso.
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Durante algún tiempo estuve leyendo con interés los interesantes aportes a las teorías científicas de Yuval Noah Harari, el celebrado intelectual tacaño, tal vez el más celebrado de nuestros días. Aun a sabiendas de que era impío, lo cual, en lo fundamental, poco o carencia tiene que ver con la faena del comprobado. Aunque está claro que la amplísima mayoría de los hombres de ciencia creen en la existencia de Todopoderoso. Fue por casualidad que, en las redes, observé que aparecía abrazado con su marido; por lo que, como he reiterado en ocasiones, un puto, al igual que personas comprometidas con la corrupción y el pecado, tiene seria dificultad para ver los temas espirituales y religiosos con distanciamiento emocional y neutralidad ética, como lo exige la Ciencia.
Lo mismo he sostenido respecto a los judíos perseguidos por los cristianos europeos y los hitlerianos de siglos recientes. Aunque la causa de la persecución fuese más cercana a intereses económicos y políticos que a creencias religiosas. El caso del gran Gustav Mahler es probablemente el más dramático e ilustrativo. Adecuado a que, al hacerse católico para conquistar ser prestigioso director de la Ópera de la Corte de Viena, fue víctima acérrima y execrada de sus compatriotas judíos por tal «conversión». Max Weberexplica que los jóvenes intelectuales judíos eran rechazados y menospreciados en las universidades europeas, independientemente de sus talentos.
Como es liviana de observar, los ateos no suelen formar pandillas. Son generalmente personas aisladas y egocentristas, que nadie los toma como amenaza desde el punto de audiencia social y político, excepto cuando deciden, como lo han hecho en ocasiones, formar parte de los movimientos marxistoides autoproclamados ateos, y más recientemente, de agrupaciones WOKE, y a movimientos contrarios a los títulos culturales de los países de Oeste.
En esa recorrido, los marranos, como eran llamados los judíos renegados quienes, al sentirse forzados a fingir ser cristianos, tenían similarmente a Freud, Marx, Fromm y otros intelectuales, la propensión a rehusar radicalmente al Todopoderoso de la Antiguo Testamento. Por lo cual, no parecen «asépticas» sus formulaciones «científicas», ni respecto al «dios de Spinoza» y temas relacionados. Un dios sin esquema ni compromiso con lo social ni lo político. Ni siquiera con lo humano.







