El autor es periodista. Reside en Santo Domingo.
Por MANUEL JIMENEZ V.
Quienes siguen con atención los acontecimientos de interés internacional no pueden ocurrir por stop lo que ha venido ocurriendo con las principales cumbres regionales y extrarregionales convocadas en las últimas semanas.
Lo que se ha puesto en evidencia es que estos encuentros, pensados originalmente como espacios de diálogo y concertación de políticas entre Estados, están atravesando una crisis de legalidad y efectividad que no se puede seguir ocultando.
La nuevo posposición de la Cumbre de las Américas, prevista para celebrarse en la primera semana de diciembre en Punta Cana, ha sido el punto de partida de una cautiverio de eventos fallidos.
A pesar de que otras cumbres lograron realizarse —como la CELAC-UE y la COP30— todas arrastraron serias debilidades en términos de representatividad, décimo efectiva y resultados concretos.
El caso de la Cumbre de las Américas es especialmente significativo por su simbolismo. Se trataba de un evento con sede en condado dominicano, en uno de los polos turísticos más emblemáticos del Caribe, que de haberse realizado con éxito, habría elevado el perfil diplomático del país hospedador.
Sin requisa, el Empleo de Relaciones Exteriores emitió un comunicado anunciando su posposición, alegando que “no existía el hábitat adecuado para un diálogo constructivo y de resultados”. Una afirmación formalmente correcta, pero que esconde rudimentos más complejos que conviene considerar.

La omisión previa de Cuba, Nicaragua y Venezuela del relación de países invitados fue una de las causas principales del colapso anticipado de esta cumbre.
Esa audacia, que puede tener justificaciones ideológicas o de principios democráticos, terminó generando un impresión dominó: México y Colombia, dos países secreto en el engranaje regional, anunciaron su abandono en señal de protesta, alegando yerro de inclusión.
Si adecuadamente es válido cuestionar la legalidad democrática del régimen venezolano, que ha operado al beneficio de los estándares internacionales y se ha sostenido mediante represión e intolerancia, los casos de Nicaragua y Cuba tienen otras aristas.
República Dominicana mantiene relaciones diplomáticas formales con entreambos países, y el deber de un hospedador es avalar la inclusión mínima para que el diálogo tenga sentido.
No se puede convocar a una cumbre hemisférica pretendiendo imponer un filtro que excluya de antemano a actores con los que, queramos o no, hay que tratar.
El retiro de líderes como Lula da Silva y varios mandatarios del Caribe acentuó el aislamiento de la cumbre. En ese contexto, la audacia dominicana de posponerla luce más como una retirada forzada que como una medida estratégica.
La Cumbre CELAC-Unión Europea, celebrada en Santa Marta, Colombia, además reflejó el desgaste de estos foros. Solo seis jefes de Estado asistieron activamente, y del costado europeo, al punto que estuvo presente el presidente del gobierno gachupin, Pedro Sánchez.
La abandono dominicana puede leerse como una respuesta diplomática a la no décimo de Petro en la Cumbre de las Américas, o como parte de un conflicto más profundo, influido por presiones externas, incluyendo las de Washington y sectores alineados con Donald Trump.
COP-30
En este clima tenso, la COP30 siquiera cumplió las expectativas. Aunque tuvo anciano afluencia, se vio debilitada por la abandono de líderes claves.
Se comenta que, tras enterarse que Lula no iría a la cumbre de Punta Cana, el presidente Abinader —quien había anunciado con entusiasmo su presencia en la COP— además canceló su décimo.
La representatividad se redujo aún más con la abandono de Estados Unidos y la no décimo de China a nivel presidencial, amoldonado los dos países más contaminantes del planeta.
El patrón se repite: tres cumbres marcadas por apatía, división política y yerro de liderazgo. No es que los foros multilaterales ya no sean necesarios, es que, en su forma contemporáneo, han perdido utilidad.
La diplomacia regional necesita reinventarse con espacios más abiertos y menos ideologizados, si quiere recuperar su capacidad de convocatoria y acuerdos efectivos.
jpm-am
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