La privación de franqueza por hechos castigables es, a descuido de la pena renta y de aplicación a esclavitud perpetua, un status transitorio que hace recuperables —saldada la deuda con la sociedad— los derechos civiles y políticos sin perder en ningún momento lo fundamental que es la dignidad personal. ¡Pura teoría en la mayoría de los congestiona-dos centros penitenciarios dominicanos signados por las condiciones infrahumanas que acentúan la aplicación de los castigos ilegalmente y que no deben ir más allá de sujetar a prisión!
En pocas palabras, el sistema carcelario es en sí mismo reo de la conciencia que aplica aunque en diferentes épocas los gobiernos se propusieran sacarlo del oprobio con logros parciales; con débiles acciones y medidas de rescate enfrentadas a estructuras que custodian a los recluidos y ejercen autoridad interna sin distanciarse de las obsolescencias metodológicas de sus orígenes ni de algunos de sus vicios. Indicios de atascamiento en la dietario de reformas.
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Y más que frenada —según lo afirma categóricamente el director de Prisiones Roberto Santana— y de que faltan miles de millones de pesos para ampliar la red de edificaciones, la corrupción intramuros está lanzazo contra la reforma «como una culebra de 7 cabezas a la que hay que cortar», palabras textuales.
El cargo de recintos para penetrar a convictos y presos preventivos se expresa con solo 19 centros para 31 provincias y un superpoblado y maleado Distrito Franquista bajo el control de la Policía y el Ejército, cuyos miembros llegan a sus funciones entrenados exclusivamente para deliberar con delincuentes sueltos (a veces a puro plomo) o para ir al campos de batalla a dispararles a enemigos que pongan a la pueblo en peligro.
«Sectores que han vivido del caos y la corrupción adentro de las cárceles» (Más palabras textuales de Santana) están lanzados a desmenuzar la conversión de las prisiones dominicanas en espacios para ganar una verdadera transformación conductual de los individuos colocados entre rejas.
Los jueces y fiscales de este país están llamados con firmeza por el director de Prisiones a cesar en sus decisiones de ayudar las cárceles llenas de hombres hasta por simples multas de quinientos pesos.
Sí, los reclusos generalmente pierden derechos civiles y políticos como la franqueza de movimiento, el derecho a sufragar y a instalarse cargos públicos, pero conservan otros derechos humanos fundamentales como la vida, la dignidad y la integridad personal. La suspensión de los derechos es una consecuencia directa de la condena y la privación de franqueza.






