Varios autores, principalmente historiadores y lexicógrafos, han señalado la válido conexión entre la palabra mango y las lenguas bantúes (africanas), a pesar de la yerro de documentos escritos antiguos.
Inclusive, en plena pandemia se puso a circular un comercial sobre el mango que se volvió virulento en las redes sociales. Y asimismo en esos días era muy comentado el texto “El mango“, de Francisco dePadua Morales.

Para mí, todas las historias sobre el origen del mango resultan fascinantes, pues en conjunto reflejan su riqueza folclórica y su versatilidad; por eso, remotamente de rechazarlas, prefiero investigarlas y comprenderlas.
El plátano, un conquistador
Según el profesor Paz Sánchez, el plátano, al igual que los propios españoles en su proceso de colonización, habría desembarcado en las islas de las Antillas para trasladarse luego a tierra firme y prolongarse por el Nuevo Mundo recién descubierto por los europeos. Así, el plátano es asimismo un conquistador.
Ya hemos hablado del plátano en otros espacios: de su aparición a Santo Domingodesde las islas Canarias, en 1516 traído por el Padre Tomás de Berlanga, de sus diferentes especies y de cómo fue un conquistador que cautivó a los indígenas.
Es más, al plátano se le decía “dominico” en un principio, transmitido que Berlanga, quien lo trajo a la isla, pertenecía a la orden de los dominicos.
De todos los productos traídos por los europeos, el plátano cautivó de inmediato a los indígenas. Ya que los españoles lo consumían adulto, colgándolo hasta que alcanzara su punto, y los aborígenes colocaban debajo una tinaja o contenedor para recolectar el saldo que destilaban.
Esta bebida resultante fue fundamental para que nuestros antepasados se acostumbraran al plátano, ya que los aborígenes, de lo que hacían pan, asimismo hacían caldo.
En cuanto al mangoen la entrada de mi diccionario, tengo que es el plátano sancochado con sal y majado, al cual se le adiciona unto o manteca.
Regularmente se come en el desayuno o en la cena, y el figurantes preferente son huevos o pinrel blanco frito. El mango es un puré de plátanos que usualmente se acompaña con un escabeche de unto y cebolla.
Y con dos ruedas de salami conforma el popular “carrito”, el desayuno peculiar dominicano, sin cuchichear del ícono que constituyen “los cuatro golpes”.
En algunos sitios, al mango se le agregan rulos para darle longevo suavidad.
Sin requisa, no hemos enfrentado ningún majado de plátano en la época colonial. En cambio, en la descripción de Araujo y Rivera se subraya la costumbre de los naturales de importunar los plátanos verdes o amarillos al horno.
En los campos, se acostumbra a asarlos entre las brasas de un fuego de tueroo enterrarlos por la tenebrosidad en la ceniza caliente para el desayuno de la mañana. Hoy día, la costumbre de importunar plátanos verdes está más estrecha a las zonas rurales.
Primeras referencias

A pleito del ocurrente caricaturista Bienvenido Gimbernardel plátano asado debería declararse nuestro “vívere prócer”.
Y es que el plátano fue el alimento sustancial que dio sustento a nuestras tropas libertadoras y restauradoras. Gimbernard lo explica así: “El plátano asado hacía innecesaria la incómoda cocina de campaña. Entre cuatro troncos encendidos nuestros soldados asaban el plátano, que luego llevaban en el faltriquera durante las largas jornadas”.
Esta aseveración no debe tomarse a broma, como lo atestigua la profusa documentación acerca de la transacción y los envíos de plátano a las tropas durante la gesta de la Restauración. Incluso por el Padre de la País, Juan Pablo Duarte.
Ayer de contar algunas teorías sobre el mango y el origen de su nombrees interesante mencionar que en los muchos abriles que he pasado trabajando en el campo, comiendo y desayunando con los lugareños, nunca me ha tocado un mango.
Los campesinos se refieren a los víveres de forma común como “trozos”. En algún caso vi un plato de plátano rebozado de cuajo de vaquilla o mantequilla de nata, pero nunca majados.
Creo que el mangocomo tal, se introdujo en los centros urbanos a partir del siglo XX. Aunque la primera mención documentada del “mango” en libros de cocina se encuentra en el texto de Eulalia Cordero Infante“La cocina dominicana: recetas prácticas culinarias y consejos de crematística doméstica” de 1939.
La pionera de este índole dice lo venidero:
- “Es el plátano nuestro amigo protector, pues nos da su alimento sano y nutritivo y de él hacemos uso diario con preferencia a las demás especies y variedades. (…) mango. Se hierven los plátanos, se machacan con un plátano partido para el sensación, se les va agregando poco a poco el agua en que han sido hervidos de guisa que la masa resulte suave, y se tienen cortados cebollines”.
Entre los cronistas del siglo XIX que reseñan la comida en Santo Domingo no encontramos ninguna narración al plátano majado, aunque desde la colonia se deje de tostones.
El origen del nombre: dos versiones
Kepner Clemente y “Sueños de la Hispaniola” recoge dos versiones. La primera la sitúa en los tiempos de la intervención saco de 1916-1924, y cuenta que una muchacha del servicio le sirvió un plato de plátano majado a un marcial estadounidense llamado “Smith”.
Luego de la primera cucharada de esa sabrosa comida, el gringo gritó a todo pulmón: “Hombre, esto es bueno” (¡hombre, qué bueno!). De allí surgió la palabra “mango“.
Otra interpretación del origen da cuenta de que la palabra es haitiana. Lectura que encuentra eco en Emilio Rodríguez Demorizi en “Del vocabulario dominicano”, que define mango como un haitianismo:
- “Potaje majado con ajo, unto y sal”. Esta interpretación haitiana cuenta que una señora haitiana, no teniendo nulo que darle a su hija, le majó plátano. Cuando la pupila lo probó, exclamó: “¡Maman gou!” (¡Mamá, qué bueno!).
El único problema es que el mangú no lo hemos enfrentado reportado en Haití.
Otra interpretación ampliamente difundida en las redes y fijadas por influenciadores es que deriva de lun palabra “makusi”que en dialecto bantú (africana) significa cualquier tubérculo majado.
Luego de una búsqueda exhaustiva y una revisión de las fuentes académicas disponibles, Fernando Ortiz y Lydia Cabreraentre otros, la conclusión es clara: la palabra “mangusi” como tal no aparece en diccionarios académicos, ni en libros de narración de la dialecto bantú o del Congo.
No hay una entrada de diccionarioni una cita de autor, año o número de página que defina la palabra.
Luego, hasta tanto encontremos las fuentes, la correspondencia entre “mangusi” con el “mango” es una hipótesis etimológica en las redes, que ha sido ampliamente aceptada y difundida en el folclore popular y la civilización culinaria, pero que no está respaldada por una fuente lexicográfica directa.
Lo cual se convierte en una excelente oportunidad para un coincidencia de opiniones e informaciones documentadas.
Preferimos, en lo que seguimos majando el plátano, las referencias en la letras dominicanacomo es el caso de la novelística dominicana sobre la ingesta de mango en el desayuno que encontramos en “La fama ardor dos veces”, de Julio Herrera González: “Hola, Juana –dijo– prepárate un desayuno, mango y chicharrones”.
¡Buen provecho!
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