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Manerra subió a Círculo 360 con poco más que sus maracas, llevaba sus sueños, su pasado y su fe en Todopoderoso. A las 9:51 de la tinieblas del sábado, las luces se apagaron y una musicalidad suave empezó a sonar, era la señal de que poco específico iniciaba.
“Esta tinieblas es para que ustedes la disfruten”, dijo el actor con voz cálida, como si estuviera entrando en el salón de la casa de cada asistente. Y así fue, desde la primera canción, el manifiesto se sintió invitado a un alucinación muy personal.
Cuando interpretó “Infeliz tu inclinación”, el círculo se cargó de emoción, no era solo una canción, sino una confesión. Poco luego, confesó que en su hogar siempre hubo “ritmos y gustos muy distintos”, y sorprendió al manifiesto al introducir “De repente”, un tema de Antonio Muñiz, como un puente entre su historia personal y la musicalidad que lo formó.
Luego llegó “Respiro”, y la sala quedó en silencio hasta que el coro del manifiesto reventó en aplausos. Más delante, subió al decorado Nathalie Hazim para cantar con él “Mantequilla y café”, en una estampa íntima y acostumbrado.
En un momento de sinceridad profunda, Manerra recordó que estaba celebrando seis abriles creando música, un logro que atribuye al “inclinación y la misericordia de Todopoderoso”.
Habló de la pandemia, de sus momentos más difíciles, y especialmente de “Curita”, una canción que describió como “un regalo de Todopoderoso”, en momentos difíciles. La voz se le quebró cuando confesó “Nunca imaginé estar aquí haciendo música”, recordando cómo llegó a estar en bancarrota, sin retener qué venía para su vida.
El manifiesto, ya completamente rendido, lo acompañó en cada tema. “Perla del sur”, “Holgorio Colonial” y otros fueron recibidos con sonrisas y ovaciones. El espectáculo creció con el paso de la tinieblas, hubo piano, confeti y momentos mágicos que quedarán guardados en la mente de cada persona que asistió al concierto.
Uno de los instantes más memorables fue cuando el cantautor Gabriel Pagán apareció como invitado sorpresa, cantaron juntos y el decorado se convirtió en un ligadura de voces que traspasó lo musical para convertirse en emocional.
Con “Dime corazón”, todo el manifiesto cantó como si la canción les perteneciera desde siempre. Y en un cara empachado de agradecimiento, Manerra dedicó parte del concierto a Doña Ángela, la primera señora que asistió a su concierto en Casa de Teatro, celebrando sus 75 abriles con un pastel y un aplauso colectivo, donde todos le cantaron “Cumpleaños Atinado”.
Aunque parecía que la tinieblas cerraba con “Merengue a tu boca”, los fanáticos pidieron “otra, otra” y él no se negó: regaló un postrer tema, comprometiéndose una vez más con su manifiesto hasta el final.
Fue un recital donde la música no solo se escuchó, se vivió. Manerra no solo actuó, sino que se abrió por completo, compartiendo su afirmación con un manifiesto que lo acompañó en un apretón silencioso. Esa tinieblas, su historia se convirtió en canción y el Círculo 360 en su confesionario.







