
Por: Juan Mejía Betances
Las recientes declaraciones del ministro de Hacienda y Crematística, Entendimiento Díaz, durante el refrigerio de la Cámara Chaqueta de Comercio, ofrecen una señal interesante sobre el momento que atraviesa la distribución pública dominicana.
El ministro afirmó que uno de los objetivos centrales de la política económica es mejorar la calidad del consumición divulgado, aumentar la inversión de caudal y sujetar el peso del consumición corriente.
Ese diagnosis no es nuevo. Durante abriles ha sido planteado por economistas, centros de estudio y analistas que han observado con preocupación el maltrato de la calidad del consumición divulgado durante la coetáneo distribución.
Durante los últimos abriles, múltiples analistas han señalado que uno de los grandes pecados de la distribución de la cosa pública por el PRM ha sido el maltrato en la calidad del consumición, con un crecimiento sostenido del consumición corriente mientras la inversión pública —la que verdaderamente impulsa el crecimiento— se ha mantenido en niveles insuficientes.
Por eso resulta significativo que el propio ministro haya obligado que el consumición de caudal del país ha sido históricamente bajo y que esta situación puede terminar afectando el crecimiento potencial de la riqueza dominicana.
En otras palabras, el diagnosis que hoy se presenta como objetivo de política económica es, en ingenuidad, la admisión de una cariño acumulada durante los últimos abriles.
El propio ministro asimismo destacó que en 2025 la riqueza dominicana creció 2.1 %, una tasa similar al promedio de América Latina. Pero durante décadas la República Dominicana se distinguió precisamente por crecer muy por encima del promedio regional.
Presentar como natural un crecimiento equivalente al de América Latina equivale, en cierto modo, a buscar que el dinamismo histórico de la riqueza dominicana se ha débil.
Para 2026, el ministro ha señalado como objetivo continuar corrigiendo la composición del consumición divulgado e impulsar una viejo inversión de caudal, incluso con la aspiración de acercarse a un aumento equivalente a un punto adicional del PIB.
Si ese objetivo se logra, sería una buena novedad para el país. Pero estas declaraciones asimismo revelan otro aspecto político que no debe producirse desapercibido.
En los últimos meses, el gobierno ha comenzado a incorporar en posiciones esencia a figuras con viejo experiencia en la gobierno pública. El propio Entendimiento Díaz, quien dirigió la distribución tributaria dominicana en gobiernos anteriores, hoy encabeza el Tarea de Hacienda y Crematística.
A esto se suman designaciones como la de Eduardo Hado al frente del Tarea de Obras Públicas y la de Víctor —Ito— Bisonó en el Tarea de Vivienda y Edificaciones, entre otros aliados políticos con trayectoria en la distribución del Estado o con una escuela diferente a la del PRM.
Este proceso parece reflectar un agradecimiento implícito de poco que con el paso de los abriles se ha hecho evidente: timonear es mucho más complicado que aventajar elecciones. Tener la llave de la despensa el Estado exige conocimiento institucional, experiencia en la gobierno pública y capacidad para tomar decisiones económicas complejas. Cuando estas capacidades no están presentes, los resultados inevitablemente se resienten.
En ese sentido, la fresco recomposición del equipo de gobierno puede interpretarse como un agradecimiento implícito de que la gobierno del Estado requiere capacidades que no siempre estuvieron presentes durante los primeros abriles de esta distribución.
Pero asimismo plantea una pregunta insalvable cerca de el futuro. Si para mejorar la gobierno pública ha sido necesario acudir a técnicos independientes y a dirigentes provenientes de otras fuerzas políticas, ¿qué dice eso sobre la capacidad del partido gobernador para establecer por sí solo la compleja maquinaria del Estado?
La experiencia fresco parece indicar que la calidad de la gobierno mejoramiento cuando se incorporan equipos con viejo experiencia y formación en la distribución pública.
La gran interrogante ahora es si esas nuevas orientaciones contarán con el respaldo político suficiente para consolidarse, o si quedarán limitadas por las mismas dinámicas que en los últimos abriles han frenado reformas necesarias.
El país necesita una gobierno pública basada en planificación, capacidad técnica y visión estratégica de amplio plazo.
Con esa visión fue que la República Dominicana construyó consensos nacionales y aprobó como ley la Organización Franquista de Progreso. Esa ley estableció que el Tarea de Crematística, Planificación y Progreso debía evaluar periódicamente el avance del país cerca de sus metas de progreso.
Cuando esa institucionalidad se debilita o se relega, el Estado pierde capacidad de orientar el progreso y corre el aventura de sustituir la planificación por la improvisación.
Porque timonear no consiste sólo en establecer el presente. Mandar significa anticipar el futuro, planificar el progreso y construir las bases del crecimiento de amplio plazo.
Y la experiencia fresco parece recordarnos una advertencia sencilla pero fundamental: aventajar elecciones es un logro político; timonear correctamente es una responsabilidad histórica.
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