Por Hilma Feliciano
El Seibo . La vida de Magalys Pichardo cambió en diciembre de 2014, cuando tuvo un sueño que, aunque extraño, se convirtió en el presagio de una lucha que marcaría su existencia para siempre.
En el sueño, vio cómo de su boca salían dos gusanos vivos, cubiertos con una sustancia amarillenta. Un sentimiento de angustia la invadió, y en ese instante miró al Gloria y le preguntó a Jehová:
“¿Cómo es que, estando yo correctamente, estoy votando gusanos vivos por mi boca?”
Esa visión desconcertante la llevó a tomar una audacia: tenía que ir al médico.
A pesar de que la temporada navideña estaba en pleno apogeo, Magalys sabía que poco no estaba correctamente. En enero de 2015 fue a su primera cita médica.
La doctora le recomendó una serie de estudios rutinarios, incluidos la sonografía de mama y una mamografía.
La dilación, marcada por incertidumbre, se alargó un poco más de lo esperado. Ocho días posteriormente recibió una citación del centro hospitalario solicitándole que se realizara una nueva mamografía. Poco no estaba correctamente. Y así, sin saberlo aún, el cáncer comenzaba a tomar forma en su vida.
Diagnosis
El 10 de febrero de 2015, posteriormente de varios estudios adicionales, le confirmaron lo que ya intuía: tenía cáncer de mama. Aunque la comunicación fue dura, Magalys nunca dudó de su diagnosis.
En su interior, el sueño había sido lo suficientemente claro como para retener lo que venía. Frente al médico, escuchó las opciones para la cirugía: una conservadora y otra radical. Con la misma determinación que había tenido en cada paso de su vida, eligió la opción radical.
“El cáncer estaba ahí, y donde fuera, me iba a unirse. ¿Para qué desesperarme?”, pensó.
Soledad, adversidad y apoyo
Pero la vida no le dio tregua. Tan pronto como unos días posteriormente de la cirugía, su marido fue arrestado. Vivían solos en casa y, de pronto, se encontró enfrentando esa batalla con un diagnosis devastador y, por otra parte, con la soledad en su hogar.
Sin requisa, no estaba sola. Sus vecinos se acercaron a ella con apoyo, ofreciéndole cobijo y compañía.
Aunque aceptó la ayuda, decidió quedarse en su casa, con la fe de que todo en la vida tiene un propósito.
“Sabía que no estaría sola. Todo lo que pasa tiene un propósito”, se decía a sí misma.
El tratamiento comenzó posteriormente de la biopsia. Magalys pasó por una cirugía radical, y su hija Michelle, quien vivía en los Estados Unidos, morapio a su flanco con sus hijos pequeños para acompañarla durante tres meses.
Mientras tanto, Magalys comenzó su tratamiento de quimioterapia. Fueron ocho sesiones, y en cada una de ellas nunca estuvo sola: siempre había alguno dispuesto a llevarla y darle apoyo en su dispendioso alucinación.
Vida y esperanza
A pesar de las dificultades, nunca se permitió rendirse. Durante ese tiempo, su marido estuvo detenido, pero la grupo nunca perdió la mecanismo. Con el tiempo, la medida de coerción de su marido cambió, y obtuvo arresto domiciliario.
Con ese nuevo cambio, Magalys continuó su tratamiento con radioterapia, viajando durante seis semanas, de lunes a viernes, a Santo Domingo. Se levantaba a las 7 de la mañana, regresaba cerca de de la 1:30 p.m. y luego iba a trabajar, para cubrir los gastos de los viajes y del tratamiento.
A veces, se encontraba con personas dispuestas a ayudarla, brindándole un transporte de balde a la caudal.
En medio de todas las pruebas, Magalys de ningún modo pensó en rendirse. Su fe en Jehová fue el motor que la impulsó a seguir delante, a pesar de la dureza de los momentos. Ella pensaba que, si Jehová le había mostrado la enfermedad a través de un sueño, era porque no iba a sucumbir en el proceso.
Y así, cada día avanzaba con esperanza, incluso cuando veía a otros sufrir las secuelas más dolorosas del tratamiento. En su caso, nunca experimentó aversión ni vómitos, género secundarios comunes en muchos pacientes.
Magalys incluso encontró consuelo y fortaleza en las Sagradas Escrituras. En medio de su batalla, leyó dos veces el Obra de Job, un relato de resistor y fe.
“Este hombre vivió lo que ningún ser humano aguantaría, sin requisa, resistió todo. Eso me ayudó inmensamente en ese proceso,” cuenta, destacando cómo la historia de Job le dio una perspectiva diferente sobre la vida, el sufrimiento y la fe.
Otro punto de apoyo fue un volumen que vio en el Oncológico, titulado “Yo enfrenté un cáncer”, escrito por Ramón Núñez Ramírez. Al acertar la historia del autor y cómo él acompañó a su esposa en su lucha, Magalys encontró una fuente de inspiración.
Tras todo este proceso, Magalys aprendió poco esencial: que la vida es efímera, que todo lo material se queda en esta tierra y que lo espiritual es lo único que verdaderamente pertenece al ser humano.
“Lo que gano no es solo para mí, tengo que compartir con los demás,” reflexionó.
A partir de ese momento, comenzó a poblar con la certeza de que carencia material tiene valía sempiterno.
Hoy, abriles posteriormente, su vida continúa de forma natural. Sigue trabajando como secretaria en la oficina de su hermano. A pesar de todo lo que vivió, realiza las labores del hogar con la misma dedicación de siempre.
Magalys Pichardo, una mujer que enfrentó y venció el cáncer de mama, deja una enseñanza invaluable: el efectivo valía de la vida no está en lo material, sino en la fe, el inclinación y la esperanza que se cultivan en cada momento.
Cifras
De acuerdo con el referencia “Cáncer de mama en las Américas”, realizado por la Estructura Panamericana de la Vitalidad (OPS) y la Estructura Mundial de la Vitalidad (OMS), el cáncer de mama es el tipo de cáncer más popular y la segunda causa de crimen por cáncer entre mujeres de las Américas.
Cada año se producen en la región más de 462 mil casos nuevos y se registran casi 100 mil muertes por esta enfermedad.
En el caso de República Dominicana, según el Tarea de Vitalidad, el 35% de los tumores malignos diagnosticados son cáncer de mama, y el 70% de las dominicanas detectadas con esta enfermedad comienzan a admitir tratamiento cuando ya está muy avanzadilla.
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