
En el PRM los presidenciables están más que atentos —o mejor dicho, “mosca”— con esta seguidilla de apagones que está poniendo de mal humor al país. Saben que los cortes de energía no solo apagan bombillos, sino todavía simpatías políticas, y que un corte prolongado puede terminar fundiendo más de una aspiración presidencial.
Las redes sociales hierven, los comercios se quejan, y en los barrios la parentela ya no quiere oír la frase “mantenimiento programado” de Edenorte, Edesur o Edeeste y a esto se le suma, un corte militar. En ese contexto, los precandidatos del oficialismo entienden perfectamente que la paciencia del pueblo no distingue entre gobierno y partido: el malestar ciudadano se convierte en desgaste político, y ese costo lo paga todo el que esté bajo el paraguas del PRM.
Por eso, mientras el Palacio escudriñamiento calmar los ánimos, algunos adentro del partido miran el panorama con preocupación: cualquier chispa de inconformidad podría convertirse en una tormenta electoral si no se encienden pronto las luces —idéntico y políticamente hablando—.
Ya lo dijo un antiguo dirigente: “Los apagones son los mejores jefes de campaña… de la concurso.”







