A más de un siglo de publicarse la emblemática novelística: Los miserables, del poeta y escritor francés Víctor Hugo, la ingenuidad que plasma pareciera tener vigencia en países empobrecidos de Latinoamérica. República Dominicana no es la excepción.
Podría decirse que, oportuno a las injusticias sociales la figura de Jean Valjean, apresado por robar “pan para surtir a su comunidad”, se replica en casos de nuestra región donde cualquier persona por el insignificante hurto de un producto alimenticio, es sometida a prolongadas coerciones preventivas, e injustificadas medidas carcelarias.
De ninguna modo se justifica el robo. Pero, Víctor Hugo, alcahuetería sobre el entorno social del siglo XIX denunciando la conducta de los que considera miserables que, en este caso, no es negarse a dar o regalar. La acepción hace narración al maltrato y salvedad de bondades para infelices como Valjean, y otras vejaciones.
Miserables son los que afincados en las injusticias sociales y desigualdades fomentan en los desposeídos, menesterosos y pobres de solemnidad, el sustraer lo externo, aunque sea por requisito. Entre nosotros suelen ser gobernantes y funcionarios que excluyen a los infelices y, como en el caso de Senasa, juegan con la sanidad del pueblo desvalido.
El que escribe este artículo, ya lo ha dicho en otra ocasión; fue uno de los Valjean dominicanos cuando robó una conserva de caseína en polvo para su primogénito, en tiempos aciagos.
Sin retención, pagó el producto luego de percibir la exigua mesada de su padre, y el administrador de una apoteca de Villa Francisca, casi llora cuando recibió el no esperado coste.






