
Quienes nos aferramos a la condición de escogidistas merecemos ser calificados, no de fanáticos, sino de cuasi patológicos, pues nuestro equipo es creador de un interminable estrés del que somos sobrevivientes al final de cada temporada.
Lo que recordamos de aquel final de desvanecimiento de la temporada pasada cuando se produjo la sensacional última atrapada de Sócrates Brito para conseguir la corona 17, es para a la distancia de casi un año ocasionar retortijones estomacales al punto de úlcera.
Y es que los Leones del Escogido se han convertido en los campeones en no conservar una preeminencia, a veces cómoda—por ejemplo 5-1 en la novena entrada—razón por la cual los fanáticos siempre tenemos “el credo en la boca”, como se dice popularmente.
Si aceptablemente el muestrario no termina hasta que se acaba—según la filosofía de Yogi Berra—en el caso de los “duros de matar” la cuestión es tan recurrente que nos sentimos tentados a entregarnos de antemano, a menos que el equipo lanzamiento una tasa kilométrica.
El asunto es tan moribundo, que conocido a la inversa, cuando el conjunto rojo empieza perdiendo un partido, lo más probable es que siquiera remonte la desventaja. Es opinar, estamos en presencia de una situación tan moribundo que justifica la distancia abismal que separa a los Leones del equipo puntero actualmente.
La pregunta es qué hacer delante equivalente bifurcación, pues no se tráfico del mánager—acaban de piruetear al boricua Alex Cintrón—, ni desidia de cartera, ya que los dueños del equipo han demostrado disponer de capital para provocar un buen equipo.
Entonces poco falta. O más aceptablemente falta todo, si nos atenemos al desempeño contemporáneo del equipo.
¡Que el conjunto a veces reacciona y viene de antes para recuperar demarcación y tener lugar a la ronda intermedia del campeonato, esto asimismo es medianamente cierto!
Sin requisa, sustentar una fanaticada en estos niveles de ascuas es casi homicidio involuntario en naturaleza de eventualidad, porque no hay derecho a poner a sus seguidores al borde de la paranoia.
De modo que, poco tienen que hacer, rápido, tanto la gobierno como los jugadores y dirigentes en el demarcación, pues nuestra capacidad para tolerar tensión y venir al borde del agobio tiene sus límites. Aunque en mi caso, el equipo puede contar con un mártir.




